Joder. Suena Baby blue y te marchas. Te vas con esa sonrisa lela, con esas gafas de pasta y ese pelo ensortijado. Te piras y nos dejas aquí a nosotros. Solos. Abandonados. Llorando por tu huida; gritando por tu despedida; nerviosos por tu adiós. Y me pregunto lo mismo que Badfinger: "¿Qué puedo hacer? ¿Qué puedo decir?". Y no encuentro respuesta. Y es que me jode mucho que nos dejes con esa mirada bobalicona, tirado en el suelo, con una mano en el pecho y la mente ya muy lejos de acá. Porque ya no habrá noches de clausura en una caravana, ni dominará el sol el endemoniado desierto de Albuquerque. Ya no. Te fuiste Walter White. Ya no estás. "Guess that's all I have to say". Supongo que era todo lo que tenía que decir. Gracias Breaking Bad.
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miércoles, 2 de octubre de 2013
Joder. Suena 'Baby Blue' y te marchas
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sábado, 6 de julio de 2013
El tuit (y el accidente) que le hizo famoso
El avión de David Eun (@Eunner) se ha estrellado en San Francisco. Era un Boeing 777 con capacidad para 300 pasajeros. Y, según los primeros datos, la cola del avión se habría desprendido del aparato en la maniobra de aterrizaje; cuando la aeronave intentaba tomar tierra en el aeropuerto de la ciudad. David no ha contado nada de eso. Ni siquiera ha informado sobre si había heridos. Pero él ha sido un testigo fundamental para conocer rápidamente el alcance del suceso. Porque, tan sólo unos pocos minutos después del accidente, subió a Twitter un mensaje con una foto. En él decía mucho:
I just crash landed at SFO. Tail ripped off. Most everyone seems fine. I'm ok. Surreal... (at @flySFO) [pic] — https://t.co/E6Ur1XEfa4
— David Eun (@Eunner) July 6, 2013
Un tuit que ha corrido como la pólvora por las redes sociales. Algunos medios de comunicación, como El País, utilizaban esta imagen para ilustrar su noticia. Sumaba ya casi 26.000 retuits y 2.600 favoritos en el momento de escribir este post. Después de ese mensaje, el hombre ha seguido contando lo que ocurría en su cuenta personal. Y los seguidores de David se han multiplicado rápidamente. Un buen ejemplo del alcance nacional e internacional de las redes sociales. Y de sus potencialidades.
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martes, 25 de junio de 2013
Lo que empieza y acaba con una sonrisa
La sintonía que perfiló el miedo a lo desconocido empezó con risas. Steven Spielberg soltó una carcajada el día que John Williams, compositor neoyorquino, interpretó al piano la base de la futura banda sonora de Tiburón (1975). Era la primera vez que escuchaba esa melodía. Tras la primera sonrisa, al cineasta casi le da un soponcio al saber que aquello no era una broma. Sentado ante el teclado y con Spielberg junto a él, el músico presionó de forma reiterada la misma tecla, para volverse después y explicar que en ella residiría la esencia del suspense. Pero costó convencer al director. “Toqué al piano la línea de bajos simple E-F-E-F que todos conocemos y al principio Spielberg se rió”, relató el propio Williams en una entrevista concedida a la revista Hoy Cinema. Finalmente y afortunadamente, la insistencia surtió efecto. Y el cineasta, que afrontaba por entonces su segunda película, terminó persuadido. “Intentémoslo”, dijo. Y así lo hicieron.
La cinta llegó a las salas norteamericanas el 20 de junio de 1975. Fue en pleno verano, cuando las playas estadounidenses se abarrotan de bañistas y los pueblos costeros multiplican su población. Desde el primer momento, la película se convirtió en un fenómeno audiovisual. Los adolescentes y adultos hacían cola para asustarse, para sufrir ante la incertidumbre que la pantalla les regalaba. Y en ese terrorífico juego de silencios, de eternas esperas, la música desempeñó un papel fundamental. “Pienso que la banda sonora es claramente responsable de la mitad del éxito de la película”, afirmó Spielberg en varias ocasiones. Una tesis sobre la que profundizó más adelante, al comparar la sintonía de Tiburón con la elaborada por Bernard Herrmann en 1960, cuando compuso para Hitchcock la melodía de su memorable Psicosis.
El film de Spielberg se convirtió en la película más taquillera de la historia y así aguantó hasta la irrupción del Star Wars de Gerge Lucas. Además, Williams ascendió hasta el Olimpo: ganó su segundo Oscar, tras conseguirlo antes con El violinista en el tejado (1971), y se le consideró desde entonces como uno de los regeneradores de las bandas sonoras. De hecho, una encuesta de 2005 del American Film Institute concluyó que la sinfonía de Tiburón se encontraba entre las diez más “memorables” de la historia del séptimo arte. “Antes, ya había hecho El violinista en el tejado y también había trabajado con directores como William Wyler y Robert Altman entre otros, pero Tiburón me dejó helado”, rememora el compositor neoyorquino.
La clave de la cinta de Spielberg reside en esa evocación de la incertidumbre, en esa constante ausencia de lo conocido. Durante toda la película, los protagonistas deben enfrentarse y controlar el terror psicológico que se desprende de lo sobrehumano, de lo que no controlan y de lo que les supera en fuerza y entendimiento. Muy lejos de las monstermovies de serie B, el director norteamericano merodea por las cercanías del miedo más primario del ser humano, hurgando en lo cotidiano para trazar el horizonte y las dunas de las soleadas playas de Amity Island (Nueva Inglaterra), donde se ambienta la historia.
Tiburón no es sólo el enfrentamiento del hombre contra la naturaleza. El espectador también puede leer entre líneas una profunda crítica hacia la hipócrita sociedad, corrupta y enferma. Es el dinero lo que importa en ese pequeño pueblecito de los Estados Unidos. Ni dos muertes son suficientes para que el alcalde y los comerciantes se decidan por cerrar las playas, no vaya a ser que los dólares huyan a pueblos vecinos.
Años más tarde, ya en los 90 y en plena época digital -cuando se pudo dejar de lado las enormes máquinas que dieron vida a los monstruos de Hollywood durante décadas-, el creador de Indiana Jones volvería a reinventar el género, esta vez con Jurassic Park (1993) y con una nueva etapa de explotación comercial a través de grandiosas campañas de merchandising. Pero en 1975 aún quedaba mucho camino por recorrer.
Años más tarde, ya en los 90 y en plena época digital -cuando se pudo dejar de lado las enormes máquinas que dieron vida a los monstruos de Hollywood durante décadas-, el creador de Indiana Jones volvería a reinventar el género, esta vez con Jurassic Park (1993) y con una nueva etapa de explotación comercial a través de grandiosas campañas de merchandising. Pero en 1975 aún quedaba mucho camino por recorrer.
El andado por un trío interpretativo de excepción. Roy Scheider fue el moralista jefe de la policía, que parece cargar a sus espaldas la responsabilidad de todo el mal que se genera en Amity Island. A su lado se alzan dos personajes de altura, que asumen progresivamente el protagonismo de la cinta. Por un lado, Richard Dreyfuss ejerce como el estudioso de los tiburones que llega para ayudar al pueblo, un personaje demasiado inteligente y pijo. El contrapunto de Robert Shaw, a quien encontramos erguido sobre la proa de un barco. Es la versión moderna del Capitán Ahab, un corrosivo marinero, prepotente y cínico. Los tres conducen por el mar hasta chocar con su pesadilla, ese escualo del que se despiden con rabia y entre explosiones: "Sonríe, hijo de puta".
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martes, 26 de marzo de 2013
Tarantino adora cómo mueren
De Negros. De sangre. Y de vaqueros. De eso trata la nueva película de Quentin Tarantino. Django desencadenado (2012) afronta sin rodeos el racismo y la esclavitud. Sin tapujos. Sin prejuicios. Desnudo y de frente: contra el buenismo occidental, contra lo políticamente correcto. Una visión del Far West compleja y sin complejos. No hay indios, ni persecuciones, ni rifles mal calibrados, ni tiros al cielo de revólveres.
Al más puro estilo de spaghetti western, el director norteamericano recupera la esencia de sus ideas originales, aquellas que plasmó en Pulp Fiction (1994) y Reservoir Dogs (1992) -cuando el cine independiente flipó gracias a su crónica brutal de asesinatos, mentiras, engaños y rock and roll-. Ahora, en pleno siglo XXI, bebe de su particular Fuente de la Juventud. Para ello, se aferra a la mano de Jamie Foxx, que interpreta a un esclavo negro reconvertido en cazarrecompensas y que busca a su esposa, aún en manos de los algodoneros del sur de EEUU.
Quentin acierta al envolverse de nuevo en ese halo de pop-art, donde se conjugan el salvajismo y la estética depurada. Con un acento, como siempre, acelerado; y perfilado al ritmo que marca la banda sonora, que adquiere tintes de protagonista en esta cinta. En parte, la historia gira en torno a la música. En parte, la música gira en torno a la historia. Según se quiera ver, según se entienda el espectáculo de Tarantino. Porque mezcla las clásicas notas de Ennio Morricone con los acordes del hip-hop. Todo ello sin desentonar, todo ello sin sonar extravagante.
Y es que Django huele a spaguetti western clásico, gracias a esos rapidísimos zoom de cámara que dejan el rostro del personaje en primer plano. Una técnica que permite al espectador regodearse en cada gesto: los labios torcidos y altivos; los dientes sucios y a medio pudrir; las cejas arqueadas; los chulescos y desafiantes ojos; y, por supuesto, el sombrero alicaído. A su vez, Django también destila el atractivo de la violencia desmedida, de la venganza requerida, del desquite, de la revancha y de la represalia. Los golpes, asesinatos, latigazos y disparos parecen gratuitos. Y, verdaderamente, lo son. Quizás, por eso, resulte aún más atractiva la cinta de Tarantino. Porque ofrece carnaza al espectador. Todo ello, para denunciar la idiotez del racista, la gilipollez del Ku Klux Klan; a través de la ironía y la socarronería, del sarcasmo y la sorna.
El director no rehúye la palabra Niger -cuya traducción más adecuada sería la de Negrata, con tono absolutamente despectivo-. Porque a Tarantino no le importa llamar a las cosas por su nombre. No le importa que las vísceras salten y se desparramen por el suelo tras el disparo de una recortada. La cámara apenas se inmuta cuando un personaje aúlla de dolor, mientras las balas le atraviesan una pierna o un brazo. Ni siquiera desentona la sangre que baña una habitación, con decenas de cadáveres repartidos por el suelo. Él sabe conjugar a la perfección los matices del suspense, del ruido de las balas, del horror de la muerte, del encasquillamiento de los percutores. Forman parte de su escenario. Además, la cinta ahonda en la importancia de la palabra. Las frases trascendentales vuelven a subrayarse en las esperpénticas situaciones. “Me gusta cómo mueres”. Como una contradicción ética.
Una doble moral presente en todos los personajes. El doctor King Schultz (Christoph Waltz) es un irascible cazarrecompensas. Un hombre capaz de asesinar sin titubeos a delincuentes para cobrar su salario y, a la vez, repudiar el racismo y ensalzar el amor. Calvin Candie (Leonardo DiCaprio) adora a su hermana y asume el engaño sin ánimo de venganza, aunque se divierte y entretiene con combates a muerte entre Nigers. Y Stephen (Samuel L. Jackson) es ese sirviente leal y fiel, que luchará en pos del beneficio de su amo; a pesar de que esto suponga devolver a otros negros a la eterna esclavitud.
Y puede que, en ciertos momentos, no gusten los excesos de Tarantino, el desmesurado uso de la violencia, la omnipresencia de la sangre y la barbarie. Desde luego, no ayudan las tripas desparramadas y los brazos rotos. Y tampoco la banalización del crimen. Pero, a pesar de ello, cuando el proyector se apaga y se encienden las luces, cuando uno echa la mirada el reloj y observa que transcurrieron casi tres horas desde que pegó el culo a la butaca; entonces, piensa en el cine como divertimento, en las palomitas que engullía cuando era adolescente y los vaqueros mataban indios porque unos eran los buenos y otros los malos. Así de simple. Y es que, al final, sólo queda Django: “La D es muda”.
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domingo, 17 de marzo de 2013
Galimberti retrata a los niños a través de sus juguetes
Davide, en la imagen de la derecha, es de Malta. Vive en la capital de la isla, en La Valletta. Como el resto de niños del planeta, este chaval tiene varios juguetes preferidos: espadas, coches de carreras, dinosaurios de plástico y playmobils, entre otros. Y, junto a ellos, posa para el fotógrafo Gabriele Galimberti, que ha recorrido el mundo para retratar los sueños de la infancia. Y, realmente, el cámara italiano lo consigue. La página PetaPixel [en inglés] ya lo explica muy bien: "Galimberti descubrió que los niños de todo el mundo presentan similitudes y diferencias. Mientras todos disfrutan jugando, el estatus económico tiene una gran influencia en las personalidades de los niños". Así que, a través de los rostros y gestos de los infantes -y también, mediante sus juguetes- Galimberti capta la realidad social de un mundo a varias velocidades. "Todos recordamos nuestros juguetes de la infancia. El hecho de que yo pueda recordarlos mejor que los nombres de mis profesores de la escuela, dice todo lo que necesitamos saber sobre el universo en el que habitan los niños", cuenta el propio fotógrafo, que denominó su proyecto Toy Stories. Y, a través de él, logra describir un planeta caleidoscópico. En éste, resulta importantísima la mirada, que se modela a través de la realidad que rodea a cada uno. Observar las imágenes de Galimberti permite comprender aún mejor cómo viven en otros países y, sobre todo, cómo comprenden su entorno.
Chiwa, de Mchinji (Malawi)
Lucas, de Sídney (Australia)
Botlhe, de Botswana
Pavel Davinson, de Kiev (Ucrania)
Puput Ubud, de Bali (Indonesia)
Maudy, de Zambia
Li-Yi-Chen, de China
Bethsaida, de Puerto Príncipe (Haití)
Noel, de Dallas (Texas, EEUU)
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martes, 17 de abril de 2012
Entrevista a Jon Lee Anderson
Aquí dejo una interesante entrevista a Jon Lee Anderson (nacido en California en 1957), periodista estadounidense, que se especializó en temas latinoamericanos y en las guerras post 11-S. Forma parte de la plantilla fija del The New Yorker; y ha colaborado con el New York Times, Financial Times, The Guardian, El País, Harper’s, Time, The Nation, Life, Le Monde, Clarín o El Espectador.
lunes, 16 de mayo de 2011
Silencio y en pie que suena el himno
El Staples Center es un espectacular centro comercial al que, en medio, le colocaron una cancha de baloncesto -también empleado en otros deportes-. Ironías a parte, el estadio de Los Angeles Lakers resulta impresionante. Lo que viene a ser un lugar muy a la americana: con sus pubs y terrazas; sus restaurantes de comida rápida, sus stands de información sobre nuevas tecnologías, sus tiendas de venta de merchandising y de productos de un standing algo mayor. Una parafernalia excesiva, con sus luces, música y demás adornos que tanto gustan a los estadounidenses. Allí siempre hay show y, aparte, se juega al basket.El pasado enero estuve allí para verlo con mis propios ojos [en la foto se me puede ver, junto a unas amigas, haciendo un poco el lerdo]. Jugaban Los Lakers contra Detroit y, la verdad, el partido no resultó memorable. Ganaron los primeros 108 a 83 y, más allá de que Gasol fue el máximo anotador con 21 puntos, poco recuerdo de los acontecimientos que se sucedieron en la pista. Lo ocurrido fuera me llamó mucho más la atención. En primer lugar, la actitud de la afición difiere mucho de lo que se repite en los campos de futbol de Europa. Apenas se escuchaban gritos y cánticos de forma continuada. Aunque, eso sí, tuve la "suerte" de sentarme junto a un hooligan hispano que, ataviado con camiseta sin mangas de Bryant y su correspondiente enorme paquete de nachos y su inconmensurable refresco, alzaba la voz cada tres o cuatro minutos para decir "¡DE-FENSE! ¡DE-FENSE". Junto a él, su pequeño retoño -más cerca de la obesidad que de cualquier otra enfermedad conocida en pleno siglo XXI- devoraba una hamburguesa, para después hacer lo propio con un perrito caliente y, posteriormente, acabar con una bolsa de patatas fritas de tamaño extra-gigante.
Aún así, esas piernas gordotas no le impidieron sumarse a uno de los actos más solemnes que he vivido. Antes de comenzar el partido, el estadio entero enmudeció. Las casi 20.000 personas allí presentes se pusieron en pie, se echaron la mano al corazón y comenzaron a cantar al unísono el himno nacional de EEUU. Era una sola voz. Ese debe ser el patriotismo que enarbolan en Norteamericana y que, con tanta naturalidad, asumen sus ciudadanos. La verdad me pareció impresionante. No sé si es bueno o malo. Pero desde, luego, resulta sobrecogedor.
martes, 5 de abril de 2011
En breve, una diferencia básica (I)
Guerra de Irak: En el país no existía un conflicto bélico -las continuas violaciones de los derechos humanos son otra cosa- hasta que el por entonces presidente de los EEUU, George Bush, impulsa una coalición para atacar Irak argumentando la posesión de armas de destrucción masiva por parte de Sadam Husein.
Guerra de Libia: En este país ya exitía un conflicto cuando la ONU aprobó una resolución para la intervención, con enfrentamiento armados entre los rebeldes y el ejército de Gadafi. La postura de Naciones Unidas se adoptó para evitar una masacre en Bengasi.
Guerra de Libia: En este país ya exitía un conflicto cuando la ONU aprobó una resolución para la intervención, con enfrentamiento armados entre los rebeldes y el ejército de Gadafi. La postura de Naciones Unidas se adoptó para evitar una masacre en Bengasi.
domingo, 9 de enero de 2011
De vuelta
Tras dos semanas pululando por los Estados Unidos de América -Nevada, Arizona y California dan para mucho-, toca regresar. Es hora de volver, de retomar la información abandonada (tras quince días desconectado absolutamente, sin leer un periódico) y comenzar nuevas historias. Al menos hoy, por lo menos, toca descansar; porque las horas de viaje en avión y tren empiezan a causar mella. Como aperitivo y adelanto del viaje a USA: así comienza 2011 en Las Vegas.
jueves, 9 de diciembre de 2010
60 años después de la condena a Harry Gold
A muy pocas personas les sonará el nombre de Harry Gold, aunque este científico suizo protagonizara uno de los más fascinantes episodios de la Guerra Fría. Así es, porque el 9 de diciembre de 1950 -es decir, hace justo hoy 60 años desde entonces- este hombre fue sentenciado a tres décadas de prisión por facilitar información sobre el Proyecto Manhattan al físico teórico Emil Julius Klaus Fuchs [el de la imagen]; quien, a su vez, la remitió a la URSS. Ese fue el punto final a más de diez años de espionaje para la Unión Soviética.Y es que, en plena II Guerra Mundial, Harry Gold fue reclutado por los servicios secretos de la URSS y comenzó a trabajar en los EEUU bajo el pseudónomido de Gus o Goose. Según reveló décadas después la inteligenia norteamerica, durante los primeros meses de los años 40 prácticamente se consideró a Gold un espía en la reserva. Pero los acontecimientos dieron un giro inesperado con la entrada de los 50. A inicios de dicho año, Klaus Fuch es arrestado en Inglaterra bajo el cargo de espionaje. Tras varios interrogatorios, el científico confesó que durante la guerra contra Alemania suministró importante información al Kremlin al respecto del programa de desarrollo de la Bomba Atómica (denominado Proyecto Manhattan).
En un primer momento, Fuchs negó que hubiera trabajado con otros espías en dicha labor. Aunque, eso sí, el físico reconoció que había colaborado con otro científico que hizo de "correo" en el traspaso de información confidencial. Entonces, los servicios secretos occidentales trataron de sonsacarle a Fuchs quién fue dicho personaje. Pero, en un primer reconocimiento fotográfico, éste no "acertó" a identificar a Gold -cosa que sí hizo después-.
Finalmente, detuvieron a Harry Gold, que admitió haber trabajado como espía de la URSS desde 1934 y que pasó información a Fuchs sobre el Proyecto Manhattan. Un programa que nació en 1941 y cuyo principal objetivo pasaba por construir la primera bomba nuclear antes que los nazis. Las confesiones de Gold fueron fundamentales para el arresto y ejecución de Julius y Ethel Rosemberg (los dos primeros civiles estadounidenses condenados a muerte por un asunto de espionaje).
domingo, 5 de diciembre de 2010
Adelanto del 1x06 de 'The Walking Dead'
Aquí y ahora, un pequeño adelanto del último capítulo de The Walking Dead, que se estrena hoy mismo en los EEUU. El sexto episodio de la primera temporada. Quienes no quieran saber nada de spoilers que no le vean, pero... ellos se lo pierden.
martes, 1 de junio de 2010
La historia del mundo, según un colegio creacionista
Este es el resumen que una escuela creacionista de EEUU hace de la historia geológica de la humanidad. Como recalca el autor del blog La Ciencia y sus Demonios, esta es una de las consecuencias de una enseñanza basada en la religión. ¿Esto no supone violar los derechos de los niños a formarse libremente, a tener una opinión propia? ¿Esto no implica un lastre de su educación y de su capacidad crítica?martes, 4 de mayo de 2010
The 13 Wonders of Spain
El "Target" es un concepto de origen publicitario que se ha extendido ya a todos los sectores de la comunicación. Este término hacía mención -y sigue haciéndolo- a la cuota de mercado a la que se dirigía el producto a vender. Ahora, esta palabra se emplea también en el mundo del periodismo, adaptando su idea original y utilizándola para hacer referencia al público al que se dirige el medio. El siguiente vídeo es un extracto de un buen documental titulado The 13 Wonders of Spain, en el que se puede apreciar fácilmente el Target objetivo: estadounidenses, de un poder adquisitivo medio-alto/alto y de un nivel cultural también medio-alto/alto.
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sábado, 1 de mayo de 2010
¿Por qué comes palomitas en el cine?
Nunca te has preguntado por qué comes palomitas en el cine. Pues bien, esta costumbre es de herencia estadounidense y tiene su origen en la época de la Gran Depresión -es decir, a partir de 1929-. La crisis económica empujó a más de trece millones de norteamericanos al paro y el cine se convirtió en el gran instrumento de evasión. La situación era tan grave que los espectadores, empobrecidos en su mayor parte, sólo podían permitirse palomitas, ya que los granos de maíz eran muy baratos debido a su abundancia en EEUU. Tal fue el apogeo de este alimento, que los vendedores incrementaron sus beneficios en un 2.500%.
viernes, 16 de abril de 2010
lunes, 5 de abril de 2010
EEUU asesina a un fotógrafo de Reuters
"En la mañana del 12 de julio de 2007, dos helicopteros Apache usaron artillería de 30mm contra una docena de personas en el suburbio iraquí de New Baghdad". Así comienza un vídeo distribuido por Reuters en el que se observa claramente como el Ejército norteamericano abrió fuego indiscriminadamente contra un grupo de personas, entre las que se encontraban dos niños y un fotógrafo de la agencia Reuters. El perodista murió en esta ofensiva y EEUU mantuvo oficialmente que había sido asesinado en un ataque de fuerzas hostiles. Ahora se sabe la verdad.
lunes, 29 de marzo de 2010
900.000 doláres por un anuncio en 'Lost'
Nadie duda de que la publicidad es una de las principales fuentes de ingresos de los medios de comunicación. De hecho, el descenso los ingresos de las cadenas generalistas a través de esta partida es uno de los causantes de la crisis en el sector. Pero, a pesar de ello, los anuncios se cotizan muy caros en los programas de máxima audiencia. Así, según diversos anunciantes del mercado estadounidense, la ABC estaría pidiendo en torno a 900.000 dólares por un spot de treinta segundos durante la emisión del episodio final de Lost (cautro veces más que en un episodio normal de la serie).
domingo, 21 de marzo de 2010
domingo, 7 de marzo de 2010
El Sombrerero loco invade Los Angeles
Está claro que la recaudación obtenido de los periodicos en papel a través de la publicidad es cada vez menor. Una situación que ha generado una oleada de innovación en este soporte periodístico, que trata de encontrar la fórmula correcta para explotar el negocio de la manera más rentable. La última gran aportación vino desde EEUU, donde uno de los grandes diarios plantó en su portada por primera vez un anuncio. Un hecho que se convirtió en noticia. Y es que el Sombrerero Loco (osease Johnny Deep en la versión de Tim Burton de Alicia en el País de las Maravillas) ocupó la primer apágina completa de Los Angeles Times.
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