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domingo, 10 de mayo de 2015

El 'castell' que erigió Ronaldinho

El cronómetro cojeó muchas veces al enfundarse Ronaldinho la camiseta azulgrana. Eran esas benditas tardes en las que el tiempo se arrastraba por el espacio. El brasileño guardaba el balón en los bolsillos de sus zapatillas y lo transformaba en una sombra para los rivales; quienes, como en la alegoría de la caverna, apenas podían comprender que lo que realmente veían era la nada. Debían resignarse —y lo averiguaban al instante— a cazar moscas en vez de pelotas.

Sin prisas por hacerse adulto, Ronaldinho levantó un castell con Patrik Andersson y Quaresma de mosqueteros, que es como ir a buscar oro a Moscú sin abrigo ni gorro. Su primera arremetida llegó en una noche de verano, contra el Sevilla, cuando hasta Hércules y Julio César se bajaron de las columnas de la Alameda para aplaudir el doble dribling a la derecha y el disparo al larguero desde el anfiteatro que acabó removiendo las redes. Ese día, el reloj arrancó a la medianoche y decidió pararse para que Notario diese fe. Y punto.

A partir de entonces (2003), el Camp Nou cambió de mejilla. Ya bastaba de sopapos, de niños hartos de sorber las lágrimas cada final de temporada. Un poco de chocolate para merendar se hacía necesario. Y llegó con titulares que tiraron de lugares comunes —que si samba y malabarismo—, olvidándose las crónicas deportivas de que el fútbol siempre se construye con unas botas que disfrutan al sprint. Como cuando en 2007, ya en el cenit, Sergio Ramos ni le leyó el 10 de la matrícula al enfilar hacia Casillas, epílogo de un 0-3 y de los segundos más honorables de un Bernabéu rendido al Barça renacido tras años de destierro en el desierto.

El deporte consume ídolos como chupitos a un euro. Y el gaucho quiso trincarse la fiesta que había dado a otros. Al marcharse se le perdonó todo, porque los mitos edifican memorias de complicada disolución. Quien creció con un once pegado en la pared de su habitación nunca olvida los nombres que recitaba cuando los días se dividían en dos: las horas de colegio y el resto. Así que Ronaldinho, ahora que deambula perdido por México, ya tendrá tiempo de rebuscar a sus espaldas. Porque el fútbol, como el periodismo, al final siempre se resume de la misma manera: en tugurios, de madrugada, donde los veteranos se beben el presente para ensalzar el pasado.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

La rica Europa desnuda a la Liga española

Primero fue España. Después la Unión Europea. Y ahora los equipos de fútbol de Primera División. La Liga ha cerrado el mercado de fichajes con superávit comercial. Es decir, la diferencia entre jugadores exportados e importados han dejado un saldo positivo en las arcas de los veinte clubes de la máxima categoría nacional. Una cantidad que ha ascendido a 147 millones de euros. Dato que, aunque parezca positivo, afecta a la calidad de la competición. Básicamente, porque ha llegado el dinero y se han ido los mejores.

Y es que, en esta antigua Liga de las Estrellas, ya solo los dos grandes (Madrid y Barça) se pueden permitir un capricho. Eso sí, previa venta de alguno de sus activos. El resto ha optado mayoritariamente este verano por cesiones y adquisiciones de deportistas libres. Y los poco más de 30 jugadores comprados fuera de las fronteras nacionales han costado unos 246 millones de euros a los 20 equipos de Primera. Un importe que contrasta radicalmente con los 394 millones que se han ingresado a través de la venta de otros tantos futbolistas a competiciones foráneas.

Acorralados por la crisis y mermados por el desigual reparto de los derechos televisivos, los 18 equipos modestos ya no soportan el ritmo de Europa. Madrid y Barça pueden continuar compitiendo por los grandes jugadores, pero los otros clubes se ven obligados a deshacerse de sus estrellas. Unos futbolistas que se van, principalmente, camino de las otras grandes ligas del Viejo Continente: Inglaterra, Alemania, Francia e Italia. Europa deja a España en paños menores.

Camino del extranjero

Las islas británicas ejercen ya como el gran destino europeo. La Premier ha invertido 176 millones en la adquisición de jugadores que, hasta este verano, militaban en equipos españoles. Entre otras operaciones, el Real Madrid ingresará unos 50 millones por la venta de Özil al Arsenal. Una salida que debilita su centro del campo, pero que puede suplirse con otros grandes futbolistas de la plantilla (como Isco, arrebatado al Málaga). Esta posibilidad no se encuentra al alcance de los clubes de segunda línea, con recursos más moderados, que se ven obligados a fichar jugadores más discretos y de peor calidad.



Así, entre los deportistas que han abandonado España camino de Gran Bretaña, se encuentra Soldado, que ha dejado el Valencia por unos 30 millones y ha recabado en el Tottenham. Jesús Navas y Negredo partieron, a cambio de unos 46 millones, hacia el Manchester City. Y Medel también abandonó el Sevilla, por 13 millones, y ha terminado en el Cardiff City.

Las otras grandes ligas del Viejo Continente también se han beneficiado de la crisis de los equipos españoles de segunda línea. En la liga francesa le ha correspondido al multimillonario Dmitry Rybolovlev, propietario del Mónaco, reventar el mercado: su club ha gastado 85 millones de euros en Falcao, Kondogbia y Toulalan. Un poco más allá de los Pirineos, en Italia, el Nápoles aparece como protagonista. Este equipo ha agradecido el cambio de cromos del Real Madrid, que ha propiciado el desembarco de Higuaín, Callejón y Albiol. De esta forma, desde las tierras transalpinas llegaron a España 67 millones de euros. Una cifra que casi triplica la transferida desde Alemania: 25,4 millones, principalmente por el traspaso de Thiago (25).

Desembarcados en España

La Primera División ha conseguido equilibrar un poco su balanza comercial gracias al Real Madrid y al Barça. Y gracias, sobre todo, a dos de sus fichajes: Bale por 99 millones y Neymar por 57. La suma de ambas cantidades, 156 millones, representan el 63% de todo el dinero invertido por clubes de la Liga para traer a jugadores de competiciones extranjeras. Es más, si se suma el importe gastado en Casimiro y Carvajal (12,5 millones entre los dos), ese porcentaje se eleva hasta el 68%.

Las importaciones de los dos grandes han provocado que Inglaterra (99 millones) y Brasil (68,6) se hayan convertido en los dos países donde más se ha gastado en fichajes. Le ha seguido Francia, con 26 millones: debido a las contrataciones de Guilovagui por el Atlético de Madrid y Gameiro por el Sevilla, por diez millones cada una.

Más Cifras:

- Los tres equipos que más se gastaron en fichajes fuera de España: Real Madrid (111,5 mill.), Barça (57) y Sevilla (24).

- Los cinco equipos que más ingresaron por la venta de jugadores a clubes extranjeros: Real Madrid (109 mill.), Sevilla (91), Atlético de Madrid (83), Valencia (41) y Barça (25).

Fuente de los datos: elpais.com y fichajes.com

viernes, 17 de mayo de 2013

Volver sin querer volver, no es volver

Volver sin querer volver, no es volver. Es sólo estar juntos, sin estarlo. Mirarnos, sin vernos. Hablarnos, sin escucharnos. Es volver para nada, para no levantar cabeza, para mirar al suelo, para tener remordimientos por lo que no hicimos -o por lo que sí hicimos-. Volver sin querer volver, es un error a medias. Pero, al fin y al cabo, es un error. Es regresar a la incertidumbre, al qué dirán, al qué comentarán ahora. Es volver a la charla anodina. Es volver por pasar el domingo. Es encender la tele para echar el rato. Es mirar a unas estrellas que no brillan. Es escudriñar la nimiedad, el pasotismo, el esto ya no vale para nada, no llega a ningún lado. Volver sin querer volver, no es volver. Y el fin de semana vuelve la Liga. Y vuelve el Barça, que ya la ganó. Y el Madrid volverá después. Y nos dará igual porque ya sabemos qué pasó, cómo terminó. Así que me pregunto para qué vuelven, para qué regresan, para qué rueda el balón por el campo, para qué pita el árbitro, y para qué levanta el linier su banderín. Si nos da igual, si sabemos que realmente no vuelven, que vuelven a medias, como los amantes que se quisieron y que ahora sólo quieren ese amor que se tuvieron en el pasado. Ese que ya no existe.

jueves, 2 de junio de 2011

4 Champions, 4 ciudades

20 de mayo de 1992. Tenía cinco años y de aquella final de Champions entre el F.C. Barcelona y la Sampdoria apenas retengo el gol de Koeman y los nombre de la alineación que logró, por primera vez, conquistar la Orejona. En lustros posteriores perseguí con ahinco los cromos y pósters de Guardiola, Stoichkov, Laudrup, Bakero, Salinas y Ferrer; aunque, de ese día de 1992, no recuerdo si vi el partido, dónde me encontraba y, ni siquiera, si ya era culé hasta la médula. Seguramente me hallaba en Tomares (Sevilla), donde vivía por entonces.

17 de mayo de 2006: Tras muchos años de decepciones e impotencia, de lágrimas por ver como caía constantemente el Barça en la máxima competición europea, de observar como claudicaban y fracasaban grandes futboleros como Rivaldo, Kluivert, Ronaldo, Luis Figo, De la Peña, los De Boer, Hagi, Sergi o Amor; por fin el equipo levantó la Copa de Europa. Lo hizo Puyol y yo lo vi en Madrid, en el Colegio Mayor donde estudiaba por entonces. Recuerdo sobre todo el éxtasis del segundo gol, la sensación intensísima que me embargó cuando Belleti introdujo aquella maldita pelota en las mallas. Fue como ver lo imposible, como contemplar lo quimérico. Salté, grité y me emocioné. Nunca más he sentido con el fútbol esa sensación, ni cuando Iniesta consiguió el gol que trajo a España el Mundial.

27 de mayo de 2009: Está vez me encontraba en Bruselas. Los goles de Eto'o y Messi los disfrute -comiéndome las uñas, eso sí, hasta que el árbrito pito el final del partido- en un pequeño bar junto a la Gare de Etterbek. Un pub universitario flamenco, de los poco que había en esta zona (de mayoría francófona, al igual que en el resto de la capital belga). En el mismo escenario donde, algunas semanas atrás, grité como un poseso con el gol de Iniesta al Chelsea. Recuerdo que ese día un amigo y yo éramos los únicos españoles en el bar; y, entre un mar de camisetas y bufandas inglesas, celebré entusiasmado el tanto del de Fuentealbilla. De rodillas y los brazos en alto, mientras el resto del bar miraba. Muchos aplaudieron (serían del Manchester, XD). Y esos mismos tuvieron que sufrir a La Pulga el 27 de mayo. Entonces rieron los del Chelsea.

28 de mayo de 2011: Cuando faltaban apenas un par de minutos para que arrancara la final contra el Manchester, terminé de escribir las crónicas del día. Por ello, la primera parte del partido la vi en la redacción de Europa Sur, en Algeciras. Ataviado con mi camiseta azulgrana, celebré el primer tanto de Pedrito y me resigné por el empate de Rooney. A pesar de esto, la final la viví bastante tranquilo. El Barça estaba jugando muy bien. Y nada tuvo que ver con la final de 2006. Ahora los culés estamos acostumbrados a un éxito mayúsculo, somos -según dicen- el nuevo Ajax de Cruyff, el nuevo Milan de Sacchi, el nuevo Bayern de Beckenbauer. Quizás sea efímero, quizás acabe pronto (seguramente lo hará); pero, ¡joder!, ya llevamos cuatro.

jueves, 21 de abril de 2011

La (ir)responsabilidad de la prensa deportiva

Hace un par de meses, la prensa inglesa se hizo eco de la escandalosa y degenerada situación que atraviesa actualmente la prensa deportiva en España. En concreto, por no generalizar, un artículo de Sid Lowe hacía hincapié en los diarios en papel As, Marca, Sport y Mundo Deportivo. A grandes rasgos, el periodista resaltaba el fanatismo exacerbado de las cuatro publicaciones, con un carácter pro-madridista y pro-barcelonista absolutamente marcado, evidente y del que se vanaglorian cada uno.

En el análisis, se recalca el claro enfrentamiento entre estos periódicos y su absoluto desprecio hacia cualquier intento de acercarse a la verdad; ya que están más preocupados por ensalzar una bandera y enfundarse una camiseta de colores claramente identificables. Aunque, evidentemente, esto no quiere decir que no existan en ellos magníficos profesionales. Hablamos, claro está, de la línea editorial.

Y es que esta situación ha convertido estos medios en mera propaganda, ansiosos por los dimes y diretes y por calificar al adversario -ya sea el Barça o el Madrid- como el malo de la película. De hecho, seguramente, en los últimos años hemos vivido los enfrentamientos entre ambos equipos más tranquilos desde que arrancara el siglo; pero, en cambio, en las portadas de estas publicaciones se han recogido repetidos insultos y actos de menosprecio [como muy bien recoge en muchas ocasiones el blog La libreta de Van Gaal].

Pero esta semana Marca y El Mundo Deportivo ofrecieron un nuevo capítulo más de este enfrentamiento, que raya el surrealismo y convierte al periodismo en un instrumento al servicio del barriobajerismo. Un día despues de que el periódico catalán sacara en portada que supuestamente Pepe escupió a los jugadores del Barça en el pasillo de vestuarios; el diario madrileño contraatacaba y acusó a Piqué de menospreciar e insultar a sus adversarios -un hecho que negó después el futbolista en Twitter-. Lo curioso es que, ninguno de los dos periodistas nombra la fuente. Es decir, se vierten acusaciones gravísimas que atentan contra el honor de varias personas y nadie da la cara. Esta práctica, que debe ser utilizada en casos extremos, se ha vuelto demasiado habitual en dichos medios.

miércoles, 20 de abril de 2011

De remover la mierda de las cloacas del pasado

"Un pulso extraordinario en lo deportivo que no merece emponzoñarse con disidencias sobre himnos y banderas, debates cavernarios en los que el fútbol es solo una excusa para remover las cloacas del pasado". [sobre la final de la Copa del Rey entre el Real Madrid y el Barça]

José Sámano, en Sólo fútbol, y del bueno (El País)

martes, 18 de mayo de 2010

Chigrinski fue el mejor del Barça

Tanto hablar de Messi, Pedro, Piqué, Puyol o Xavi; y resulta que el mejor del Barça fue un ucraniano de nombre impronunciable -y escritura aún más complicada (menos mal que existe el gran Ctrl+C)-: Chigrinski. Al menos, así lo consideran los lectores de Marca.com. Y es que el diario digital deportivo realizó una encuesta tras terminar la Liga y los resultados parecen escándalosos o, al menos, de dudosa valía, puesto que el jugador del Este concentró el 70,7% de los votos.

Unos resultados que se deben, según apunta Adrián Segovia en Estrategia Digital, a la intromisión de algún foro, que incitó a sus participantes a votar en favor del futolista ucraniano. Y es que las famosas encuestas virtuales se han convertido ya en un elemento fundamental en las webs de los periódicos y un instrumento fundamental para la participación del lector.

martes, 27 de abril de 2010

The obsession is coming to an end



El lema de Lost -de ser en catalán- tendría infinidad de puntos en común con ese ya famoso "Mes que un club" del Barça. Lost es más que una serie, que un TV-show, que una obra de ficción. Y es que sería imposible imaginar está producción hace apenas diez años, ya que su gran repercusión mediática fue siempre de la mano de internet, de los foros que hay en la World Wide Web, de las páginas de descargas, de los debates intensos, de las paranoias imposibles y de las teorías conspiratorias escritas en cientos y cientos de registros de la red. Lost es, quizás, uno de los grandes fenómenos populares de la primera década del siglo XXI (lejos de enfrentarla a otras series que artísticamente podrían darle mil vueltas). Como decía al principio del post, Lost es mucho más que una serie. Y así lo ha querido dejar claro la ABC, que ve ya el final de la obra e invita a sus seguidores a poner fin a esta Obsesión.