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miércoles, 3 de agosto de 2011

La realidad contradice a Anna Terrón

Recupero aquí y ahora la entrevista que le realicé, hace apenas unas semanas, a la secretaria de Estado de Inmigración y Emigración, Anna Terrón. La traigo porque me gustaría demostrar como los políticos matizan demasiado la realidad, modificándola a su gusto y en función de sus intereses. En primer lugar, reproduzco una de las preguntas incluidas en la entrevista [aquí completa]:

-¿Marruecos deja de controlar sus fronteras y permite el paso de inmigrantes cuando le interesa?
-No. Tenemos, sobre todo en estos momentos, una buena relación con Marruecos, incluso en la frontera. No pienso que esté incumpliendo sus obligaciones.


De forma clara, en esta respuesta, la secretaria de Estado aseguró entonces que Marruecos controlaba perfectamente sus costas y fronteras; sin que se produzca dejación de funciones según sus intereses, ya sea por razones de política exterior o interior. Evidentemente, esta pregunta tenía su base. La entrevista se produjo el 10 de julio, cuando crecía de forma exponencial la llegada de inmigrantes a Ceuta, Melilla, Islas Canarias y el sur de la Península. Y, además, cuando desde los gobiernos de las dos Ciudades Autónomas se denunciaba los continuos 'descuidos' de las autoridades del país alauita a la hora de vigilar su litoral -desde donde salen la mayor parte de las pateras que llegan a España-.

Ahora, vistas las conversaciones entre ambos países, parece que Terrón no describió la verdadera realidad. El Ejecutivo instó a Marruecos a frenar la inmigración irregular. Esto fue el 13 de julio, tres días después de la entrevista. Y no sólo eso. En un encuentro con representantes del Gobierno español; el responsable de control fronterizo de la nación africana, Khalid Zerouali, reconoció cierta dejadez en estas funciones. "Dio a entender que las fuerzas de seguridad marroquíes habían estado muy absorbidas por la supervisión del desarrollo del referéndum, del 1 de julio, sobre la nueva Constitución, pero que se dedicarán de nuevo de lleno a sus tareas habituales", escribe Ignacio Cembrero en El País.

Evidentemente, en la entrevista, la secretaria de Estado maquilló las relaciones con el país alauita, que siempre resultan muy complicadas en asuntos de inmigración y fronteras. Es cierto que no existe una tensión exagerada entre ambos países, pero el tira y afloja resulta indudable. ¿Diplomacia o mentirijillas de político?

lunes, 29 de noviembre de 2010

¿A quién pretenden engañar?

El Rey de Marruecos quiso hacer ayer un ejercicio de fuerza al más puro estilo franquista. ¿A quién pretenden engañar? La marcha de protesta en Casablanca no tiene valor más allá de representar la pantomima absurda de un régimen dictatorial, de un sistema basado en la represión y la fuerza militar. Los centenares de miles de marroquíes concentrados en las calles del país aluita recuerdan demasiado a la antigua España -una nación que sufrió a Francisco Franco durante más de 35 años- y sus macromanifestaciones en la Plaza de Oriente.



Es imposible saber, en un país carente de las libertades individuales básicas, quién acudió a dicha concentración por voluntad propia y quién lo hizo por obligación o para no sentirse señalado por la opinión oficial. Y es que el apoyo del pueblo marroquí a Mohammed VI tan sólo podría validarse en unas elecciones democráticas; aunque, evidentemente, el monarca no las permitirá (no vaya a ser que dicho respaldo no fuera más que una pantomima nacionalista y fruto de la opresión).

P. D. 1: Resulta curioso que esta concentración se haga contra un partido político (el PP) que se encuentra en la oposición. Es decir, las consignas del Ejecutivo marroquí se dirigen a un grupo que actualmente no tiene ningún tipo de responsabilidad gubernamental y cuyas directrices se rigen por unos principios democráticos.

P. D. 2: También resulta muy, muy, muy curioso como en este tipo de actos las banderas nacionales salen a relucir (tal y como se observa en le vídeo). Es decir, como el nacionalismo más exacerbado consigue conquistar las calles a través de la creación de un enemigo común al que insultar, denigrar y odiar.

domingo, 14 de noviembre de 2010

¡Ya está bien! ¡Basta ya!

¡Ya está bien! ¡Basta ya! Que se acabe la hipocresía que sobrevuela en España actualmente al respecto del conflicto del Sáhara Occidental. Dejémonos de gilipolleces y tonterías; y actuemos -e instemos a que el Gobierno lo haga-. Las noticias que nos llegan desde allá (las pocas que nos llegan) son alarmantes, sobrecogedoras, espeluznantes. Todo apunta a que en El Aaiún se está produciendo una matanza de civiles; un intento de genocidio embadurnado con violaciones, asesinatos y torturas. Mientras las huestes bárbaras recorren las calles de la ciudad portando banderas marroquíes y cuchillos, en este país parece que nos gusta mirar para otro lado. No importa que un español haya muerto en el conflicto: "¡total!", dirán muchos, "sólo estaba nacionalizado".



Porque al Ejecutivo se le llenó la boca durante mucho tiempo hablando de talante, democracia y solidaridad. Términos que les honraron. Zapatero tuvo los cojones necesarios para denunciar la ilegítima guerra de Irak y sacar a las tropas de allí (lo cual también le honra) y para no levantarse al paso de la bandera de EEUU (eso ya no tanto). Pero ahora, cuando tiene que denunciar los asesinatos que se están produciendo en el Sáhara, cuando la diplomacia ya no vale, cuando hay que exigir (sí, esta es la palabra, exigir) al Gobierno del país alauita que cese sus ataques a la población saharaui; ahora, calla. Y aquí no valen argumentos tan moralmente reprochables como los intereses económicos de España en Marruecos.

España tiene un alto grado de responsabilidad con el Sáhara Occidental. Fue su colonia y se marchó dejando a la población a su suerte. Los españolitos de hoy no tenemos la culpa de ello, por supuesto, pero sí deberíamos ser conscientes de la importancia de mostrarnos solidarios ante tal conflicto. Deberíamos instar a la ONU a que celebre el referéndum aprobado para dicho territorio y adoptar una posición de fuerza para evitar que, al menos, los ciudadanos del Sáhara dejen de vivir bajo un régimen dictatorial y represivo.