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domingo, 17 de marzo de 2013

Galimberti retrata a los niños a través de sus juguetes

Davide, en la imagen de la derecha, es de Malta. Vive en la capital de la isla, en La Valletta. Como el resto de niños del planeta, este chaval tiene varios juguetes preferidos: espadas, coches de carreras, dinosaurios de plástico y playmobils, entre otros. Y, junto a ellos, posa para el fotógrafo Gabriele Galimberti, que ha recorrido el mundo para retratar los sueños de la infancia. Y, realmente, el cámara italiano lo consigue. La página PetaPixel [en inglés] ya lo explica muy bien: "Galimberti descubrió que los niños de todo el mundo presentan similitudes y diferencias. Mientras todos disfrutan jugando, el estatus económico tiene una gran influencia en las personalidades de los niños". Así que, a través de los rostros y gestos de los infantes -y también, mediante sus juguetes- Galimberti capta la realidad social de un mundo a varias velocidades.

"Todos recordamos nuestros juguetes de la infancia. El hecho de que yo pueda recordarlos mejor que los nombres de mis profesores de la escuela, dice todo lo que necesitamos saber sobre el universo en el que habitan los niños", cuenta el propio fotógrafo, que denominó su proyecto Toy Stories. Y, a través de él, logra describir un planeta caleidoscópico. En éste, resulta importantísima la mirada, que se modela a través de la realidad que rodea a cada uno. Observar las imágenes de Galimberti permite comprender aún mejor cómo viven en otros países y, sobre todo, cómo comprenden su entorno.

Chiwa, de Mchinji (Malawi)



Lucas, de Sídney (Australia)



Botlhe, de Botswana



Pavel Davinson, de Kiev  (Ucrania)



Puput Ubud, de Bali (Indonesia) 



Maudy, de Zambia




Li-Yi-Chen, de China



Bethsaida, de Puerto Príncipe (Haití)



Noel, de Dallas (Texas, EEUU)   

martes, 16 de agosto de 2011

¿El principio del inicio de un imperio?

Felipe Sahagún, periodista de El Mundo y experto en Relaciones Internaciones, brindaba el pasado 6 de agosto a los lectores del diario de Pedro J. un análisis brillante sobre el estado del poder hegemónico de EEUU. "La rebaja del valor de la deuda estadounidense por Standard & Poor's el viernes y la muerte de 38 soldados -31 estadounidenses y siete afganos- en la madrugada de ayer al ser derribado por los talibán el helicóptero en el que viajaban son dos mazazos históricos al prestigio y a la influencia de Estados Unidos", rezaba el inicio del artículo, en el que se preguntaba Sahagún si este era ¿El principio del fin del imperio?

Lejos de osarse a profetizar sobre la posible caída de USA y el ascenso de China a dicha posición, el redactor de El Mundo enumera las claves de la desaparición de otros Imperios en el pasado y compara esos procesos con la actual posición de norteamérica. Así, Sahagún habla de la España del siglo XVI, de la Francia prerrevolucionaria, del Imperio Otomano y de la verdadera Gran Bretaña. Y, sobretodo, de cómo la evolución de su deuda marcó su futuro.

Foto: Protestas en Fuija (AP)

Pero, evidentemente, para la caída de un Imperio hace falta otro que ocupe su puesto. Ahora dicen que será China. Pero en los últimos 50 años los analistas metidos a profetas ya mencionaron a la URSS, a Japón, a la Unión Europea e incluso a Argentina. Entonces, ¿puede la dictadura China encabezar el mundo? A sus dirigentes les resultará muy complicado; porque todo crecimiento económico viene acompañado de una proliferación de la clase media y, a su vez, de mayores demandas democráticas. Cuando los chinos empiecen a viajar fuera en masa y vean la libertad de otros países, ¿alguien duda que no exigirán lo mismo en su propia casa? Cuando regresen los emigrados, ¿alguien cree que aguantarán perder los derechos de los que disfrutaron en otras naciones? Y, a todo esto, ¿podrá el régimen pseudocomunista aliviar siempre las tensiones nacionalistas e independentistas internas a base de porra?

Hace años, en China resultaba práctimanete impensable -sobre todo tras la matanza de Tiananmen- imaginar que la sociedad se lanzaría a la calle para plantear demandas. Ahora, en la época también de la globalización, el panorama cambió. Las protestas son cada vez más habituales. "Alrededor de 12.000 personas se echaron a la calle el domingo pasado en Dalian -una próspera ciudad portuaria en la provincia norteña de Liaoning- para pedir que una planta química que produce paraxileno (PX) fuera cambiada de lugar, ante el temor de que se produjeran fugas tóxicas", informó ayer José Reinoso en El País, quien resalta el poder de la pujante clase media china. "Que goza de buena situación económica y educación superior y hace uso frecuente de las redes sociales y los teléfonos móviles para comunicarse y organizarse. Además, revela el creciente atrevimiento de la población para pedir a las autoridades que actúen", añade el periodista.

Las revueltas por casos de corrupción política, abusos policiales, problemas medioambientales y expropiaciones forzosas se han multiplicado en apenas dos años. Y la respuesta de la dictadura siempre fue la misma: mano dura. Pero, ¿cuánto aguantará la clase media la represión una vez que consiga la suficiente influencia en el poder económico? ¿cuánto tardará en agarrar también las riendas del poder político? Entonces, ¿China podrá convertirse en la potencia hegemónica a la vez que lidia en sus fueros internos? Por ahora sólo hay preguntas... y muchas. Para las respuestas habrá que esperar más.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Una simple silla azul

Los focos mediáticos de medio mundo eligieron la semana pasada a Oslo como escenario principal. Más allá de la entrega de los anuales Premios Nobel, la atención de la ciudadanía se centró en una silla revestida con un tapizado azul. En ella debía haberse sentado el galardonado por la Paz, Liu Xiabo; pero este mero objeto acabó sosteniendo el diploma acreditativo. De esta forma, una silla vacía se erigió la semana pasada como un nuevo símbolo de la democracia y las libertades fundamentales. Porque en aquella ceremonia se mostró la verdadera cara de algunos psudorégimenes democráticos y de algunas dictaduras consentidas por Occidente. China no estuvo allí (lo que era de esperar); pero tampoco se dejaron ver los representantes de Rusia y Marruecos. Y mientras las emotivas palabras de los presentes pedían verdadera Justicia, Liu seguía encarcelado. Quizás no fuera la mejor noche para las relaciones diplomáticas; quizás dicho acto tampoco sirviera realmente de mucho; pero, quizás, desde que esa silla abrió los informativos de prácticamente todo el planeta, existe una mayor concienciación sobre lo que significa la dictadura comunista china.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Las fronteras nacionales chinas

Pocos saben que en China el movimiento interno de la población está limitado por leyes de más de 50 años de antigüedad. Concretamente, en 1958 Mao estableció el Hokou, un permiso de residencia que poseen todos los ciudadanos y que los clasifica dentro de dos denominaciones: rural y urbano. De esta forma los habitantes de cada zona tienen muy limitadas las capacidades de emigración a otro lugar, ya que se encuentran ligados a una región concreta. Esta medida se adoptó para evitar las grandes oleadas migratorias del campo a la ciudad (algo que no se consiguió, evidentemente).



Una situación incomprensible desde el punto de vista democrático y de las libertades. Y, por ello, trece diarios chinos elaboraron esta semana un editorial conjunto para pedir al Gobierno que eliminara dicha disposición legal. Una práctica muy arriesgada en un sistema periodístico marcado por la represión, la censura y el control del régimen dictatorial pseudocomunista. Entre los periódicos adheridos a la iniciativa, el Southern Metropolis Daily