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miércoles, 4 de septiembre de 2013

La rica Europa desnuda a la Liga española

Primero fue España. Después la Unión Europea. Y ahora los equipos de fútbol de Primera División. La Liga ha cerrado el mercado de fichajes con superávit comercial. Es decir, la diferencia entre jugadores exportados e importados han dejado un saldo positivo en las arcas de los veinte clubes de la máxima categoría nacional. Una cantidad que ha ascendido a 147 millones de euros. Dato que, aunque parezca positivo, afecta a la calidad de la competición. Básicamente, porque ha llegado el dinero y se han ido los mejores.

Y es que, en esta antigua Liga de las Estrellas, ya solo los dos grandes (Madrid y Barça) se pueden permitir un capricho. Eso sí, previa venta de alguno de sus activos. El resto ha optado mayoritariamente este verano por cesiones y adquisiciones de deportistas libres. Y los poco más de 30 jugadores comprados fuera de las fronteras nacionales han costado unos 246 millones de euros a los 20 equipos de Primera. Un importe que contrasta radicalmente con los 394 millones que se han ingresado a través de la venta de otros tantos futbolistas a competiciones foráneas.

Acorralados por la crisis y mermados por el desigual reparto de los derechos televisivos, los 18 equipos modestos ya no soportan el ritmo de Europa. Madrid y Barça pueden continuar compitiendo por los grandes jugadores, pero los otros clubes se ven obligados a deshacerse de sus estrellas. Unos futbolistas que se van, principalmente, camino de las otras grandes ligas del Viejo Continente: Inglaterra, Alemania, Francia e Italia. Europa deja a España en paños menores.

Camino del extranjero

Las islas británicas ejercen ya como el gran destino europeo. La Premier ha invertido 176 millones en la adquisición de jugadores que, hasta este verano, militaban en equipos españoles. Entre otras operaciones, el Real Madrid ingresará unos 50 millones por la venta de Özil al Arsenal. Una salida que debilita su centro del campo, pero que puede suplirse con otros grandes futbolistas de la plantilla (como Isco, arrebatado al Málaga). Esta posibilidad no se encuentra al alcance de los clubes de segunda línea, con recursos más moderados, que se ven obligados a fichar jugadores más discretos y de peor calidad.



Así, entre los deportistas que han abandonado España camino de Gran Bretaña, se encuentra Soldado, que ha dejado el Valencia por unos 30 millones y ha recabado en el Tottenham. Jesús Navas y Negredo partieron, a cambio de unos 46 millones, hacia el Manchester City. Y Medel también abandonó el Sevilla, por 13 millones, y ha terminado en el Cardiff City.

Las otras grandes ligas del Viejo Continente también se han beneficiado de la crisis de los equipos españoles de segunda línea. En la liga francesa le ha correspondido al multimillonario Dmitry Rybolovlev, propietario del Mónaco, reventar el mercado: su club ha gastado 85 millones de euros en Falcao, Kondogbia y Toulalan. Un poco más allá de los Pirineos, en Italia, el Nápoles aparece como protagonista. Este equipo ha agradecido el cambio de cromos del Real Madrid, que ha propiciado el desembarco de Higuaín, Callejón y Albiol. De esta forma, desde las tierras transalpinas llegaron a España 67 millones de euros. Una cifra que casi triplica la transferida desde Alemania: 25,4 millones, principalmente por el traspaso de Thiago (25).

Desembarcados en España

La Primera División ha conseguido equilibrar un poco su balanza comercial gracias al Real Madrid y al Barça. Y gracias, sobre todo, a dos de sus fichajes: Bale por 99 millones y Neymar por 57. La suma de ambas cantidades, 156 millones, representan el 63% de todo el dinero invertido por clubes de la Liga para traer a jugadores de competiciones extranjeras. Es más, si se suma el importe gastado en Casimiro y Carvajal (12,5 millones entre los dos), ese porcentaje se eleva hasta el 68%.

Las importaciones de los dos grandes han provocado que Inglaterra (99 millones) y Brasil (68,6) se hayan convertido en los dos países donde más se ha gastado en fichajes. Le ha seguido Francia, con 26 millones: debido a las contrataciones de Guilovagui por el Atlético de Madrid y Gameiro por el Sevilla, por diez millones cada una.

Más Cifras:

- Los tres equipos que más se gastaron en fichajes fuera de España: Real Madrid (111,5 mill.), Barça (57) y Sevilla (24).

- Los cinco equipos que más ingresaron por la venta de jugadores a clubes extranjeros: Real Madrid (109 mill.), Sevilla (91), Atlético de Madrid (83), Valencia (41) y Barça (25).

Fuente de los datos: elpais.com y fichajes.com

viernes, 17 de mayo de 2013

Volver sin querer volver, no es volver

Volver sin querer volver, no es volver. Es sólo estar juntos, sin estarlo. Mirarnos, sin vernos. Hablarnos, sin escucharnos. Es volver para nada, para no levantar cabeza, para mirar al suelo, para tener remordimientos por lo que no hicimos -o por lo que sí hicimos-. Volver sin querer volver, es un error a medias. Pero, al fin y al cabo, es un error. Es regresar a la incertidumbre, al qué dirán, al qué comentarán ahora. Es volver a la charla anodina. Es volver por pasar el domingo. Es encender la tele para echar el rato. Es mirar a unas estrellas que no brillan. Es escudriñar la nimiedad, el pasotismo, el esto ya no vale para nada, no llega a ningún lado. Volver sin querer volver, no es volver. Y el fin de semana vuelve la Liga. Y vuelve el Barça, que ya la ganó. Y el Madrid volverá después. Y nos dará igual porque ya sabemos qué pasó, cómo terminó. Así que me pregunto para qué vuelven, para qué regresan, para qué rueda el balón por el campo, para qué pita el árbitro, y para qué levanta el linier su banderín. Si nos da igual, si sabemos que realmente no vuelven, que vuelven a medias, como los amantes que se quisieron y que ahora sólo quieren ese amor que se tuvieron en el pasado. Ese que ya no existe.

martes, 3 de mayo de 2011

¡Cómo hemos cambiado!

El árbitro, ese eterno enemigo, ese que siempre juega y nunca gana, ese a quien nadie entrona y todos escupen. El árbitro, ese que pocas veces habla, pero del que todos dicen. El árbitro, esa figura convertida en protagonista tras la batalla. Afortunadamente, tiene el tiempo la virtud de apaciguar los ánimos y dejar pensar con mayor serenidad. Le ocurrirá al Madrid dentro de diez años, cuando eche la vista atrás y vea la lamentable imagen que ofrece constantemente. Porque este Madrid de Mou, este segundo Madrid de Florentino -sí, aquel que se fue y volvió-, busca enemigos permanentemente y los encuentra. Tiene, además, un importante síndrome paranoico: todos le miran y todos le persiguen. Todos contra él. El Madrid contra el Mundo. El Mundo contra el Madrid.

Y para defenderse de tales "ataques", echa mano de la enciclopedia del perfecto agredido, de la constante víctima, de quienes dicen ser artífices de sus éxitos y de quienes creen que el resto son los artífices de sus fracasos. Ahí entra en juego el primer árbitro, el segundo arbitro, el tercero y todos los árbitros. Y Villar, y Platini, y la Uefa. Al fin y al cabo, todos. Pero, para ello, también la hemeroteca entra en juego. Porque, los que ahora apoyan las teorías conspirativas de Marca y As, deberían rebuscar en la memoria colectiva y comparar. En un campo de fútbol se desplegó en su día una enorme pancarta, de numerosos metros de extensión. "¿Desigualdad arbitral?... La buscan los que sólo saben llorar", rezaba. Curiosamente era el Santiago Bernabéu y la sujetaban los aficionados más radicales del Madrid, los Ultra Sur. ¡Qué cosas! ¡Cómo hemos cambiado!


jueves, 21 de abril de 2011

La (ir)responsabilidad de la prensa deportiva

Hace un par de meses, la prensa inglesa se hizo eco de la escandalosa y degenerada situación que atraviesa actualmente la prensa deportiva en España. En concreto, por no generalizar, un artículo de Sid Lowe hacía hincapié en los diarios en papel As, Marca, Sport y Mundo Deportivo. A grandes rasgos, el periodista resaltaba el fanatismo exacerbado de las cuatro publicaciones, con un carácter pro-madridista y pro-barcelonista absolutamente marcado, evidente y del que se vanaglorian cada uno.

En el análisis, se recalca el claro enfrentamiento entre estos periódicos y su absoluto desprecio hacia cualquier intento de acercarse a la verdad; ya que están más preocupados por ensalzar una bandera y enfundarse una camiseta de colores claramente identificables. Aunque, evidentemente, esto no quiere decir que no existan en ellos magníficos profesionales. Hablamos, claro está, de la línea editorial.

Y es que esta situación ha convertido estos medios en mera propaganda, ansiosos por los dimes y diretes y por calificar al adversario -ya sea el Barça o el Madrid- como el malo de la película. De hecho, seguramente, en los últimos años hemos vivido los enfrentamientos entre ambos equipos más tranquilos desde que arrancara el siglo; pero, en cambio, en las portadas de estas publicaciones se han recogido repetidos insultos y actos de menosprecio [como muy bien recoge en muchas ocasiones el blog La libreta de Van Gaal].

Pero esta semana Marca y El Mundo Deportivo ofrecieron un nuevo capítulo más de este enfrentamiento, que raya el surrealismo y convierte al periodismo en un instrumento al servicio del barriobajerismo. Un día despues de que el periódico catalán sacara en portada que supuestamente Pepe escupió a los jugadores del Barça en el pasillo de vestuarios; el diario madrileño contraatacaba y acusó a Piqué de menospreciar e insultar a sus adversarios -un hecho que negó después el futbolista en Twitter-. Lo curioso es que, ninguno de los dos periodistas nombra la fuente. Es decir, se vierten acusaciones gravísimas que atentan contra el honor de varias personas y nadie da la cara. Esta práctica, que debe ser utilizada en casos extremos, se ha vuelto demasiado habitual en dichos medios.

miércoles, 20 de abril de 2011

De remover la mierda de las cloacas del pasado

"Un pulso extraordinario en lo deportivo que no merece emponzoñarse con disidencias sobre himnos y banderas, debates cavernarios en los que el fútbol es solo una excusa para remover las cloacas del pasado". [sobre la final de la Copa del Rey entre el Real Madrid y el Barça]

José Sámano, en Sólo fútbol, y del bueno (El País)