martes, 3 de mayo de 2016

Mejor en Leicester que delinquiendo


En la época de los lobos de Wall Street, triunfó la Inglaterra industrial. La de los desheredados. La de los huérfanos e inválidos, perfilada con letra de Dickens y destripada por Owen Jones. Ganó el Leicester la Premier y la working class respiró aliviada: que sí, que los sueños se cumplen, que el poderoso capitalismo sucumbe (al menos unos segundos) y que se joda la casta. 

La victoria del modesto enamora. Sin más.

Son los chavs, y los navajeros, y las putas y chaperos, y los borrachos y sin techo los que celebran ahora que Claudio Ranieri, ese entrenador denostado y olvidado, volara a Roma para comer con su madre mientras su equipo se alzaba campeón. Ahora, que os den por culo, debió decir. Porque el fútbol —y lo saben todos ellos— es solo la cosa más importante de las cosas menos importantes. 

Enfoquemos bien.

Hace una década, Jamie Vardy, de 29 años, vivía a base de golpes. Con una pulsera electrónica por orden judicial, navegaba entre divisiones inferiores. Y completaba las perras que se sacaba como futbolista con el salario de un empleo a tiempo parcial en una fábrica de prótesis de fibra de carbono. Era uno de esos inadaptados de Misfits, o uno de esos descentrados liberticidas de Skins. Muy a la británica. Todo bañado en cerveza. Entre pubs y hooligans.

Así que estos días, cuando escucho los relatos sobre el pasado de Vardy, me acuerdo de una historia que cuenta Javier Cansado. La primera vez que su tío fue a verlo actuar con Faemino, le esperó después del espectáculo para abordarle y comentarle, sin reparos, que “mejor estar aquí actuando que delinquiendo". Y me imagino al tío —o al padre, o a la madre, o al hermano o al amigo— del delantero del Leicester diciéndole lo mismo mientras este se conjuraba para no perder la oportunidad, quizás la última, de escribir una historia que tuvo su punto final el lunes y que, este martes, escribe su epílogo. 

El camino ya está hecho. ¡Viva la revolución! 

Leicester perdió su estatus de ciudad en el siglo XI. Lo recuperó en 1919.

Foto: Reuters

jueves, 21 de abril de 2016

El día que Prince me robó una foto

Prince supo de mí. Solo de manera fugaz. Pero, joder, si se topa contigo una puta estrella del pop mundial (aunque sea de casualidad), sacas pecho hasta que el corazón te sale por la boca y ondeas, cual hito vital, la bandera de la victoria. Como si hubieses echado el mejor polvo. Orgulloso de ese instante.

Lo admito, es cosa del ego. 

Prince se topó conmigo en diciembre del pasado año. De forma virtual. Porque no nos vimos. No nos tocamos. No nos miramos. Es que, por sincerarme, nos cruzamos en Twitter. Pero, joder, eso qué más da en estos días en los que Twitter es tan vida real como la vida misma.

Prince y yo nos cruzamos en un andén de metro, como en ese cortometraje de Fernández Armero donde Ariadna Gil y Coque Malla se desean en secreto. Quizás le guste, se preguntan en silencio, a ritmo de fotogramas, el uno sobre el otro. Pero, joder, cómo decirse algo más en estos tiempos de inseguridades ocultas tras las pantallas. 

Prince me robó una foto que yo había colgado en twitter. La simple fotografía de la portada de El País Semanal en la que él salía. Sin aviso, como hacen los grandes, pilló la instantánea (sin mencionar a su autor) y la tuiteó. Yo se lo comenté de inmediato. En plan broma, ya tú sabes Prince: el humor sevillano. Pero debe ser que los chistes en Minnesota no son como los de aquí. Pero, joder, Prince, yo qué coño iba a saber si nunca estuve en Minnesota. 

Así que Prince borró el mensaje. Y, Prince, la verdad, me jodiste. Yo soñaba con ese día en el que tú murieses y yo pudiese comentar que un día me robaste una foto. Quería exhibir tu tuit y gritar ¡Prince! como Pe gritó ¡Pedro! en Los Ángeles. Porque, Prince, cómo no supiste que nunca me importó que un puto icono del pop me robase una foto.

Joder, Prince. Y eso que éramos íntimos. 





viernes, 1 de enero de 2016

Un viaje al Estrecho

Una semana en El Estrecho da para poco. En ese escaso periodo de tiempo apenas se pueden apreciar las historias que esconde cada uno de los recovecos que perfilan las dos orillas. Algeciras, esa ciudad de cosas inadvertidas; Tarifa, rendida al viento; Gibraltar, oh my God, Gibraltar; y Ceuta, tan lejos y tan cerca. Aun así, a principios de noviembre había que intentarlo. Cuatro historias resumen cientos de kilómetros. Aquí están.


- Toma una de mis tarjetas. Tengo que gastarlas... En ellas pone que soy alcalde.

En la segunda planta del Ayuntamiento de Tarifa, junto a las puertas del despacho del regidor, una placa rememora a quienes han ostentado el bastón de mando de esta localidad gaditana. Decenas de nombres se suceden en un listado que se remonta a 1699 y que, actualmente, acaba con Juan Andrés Gil. 


Una mole de 366 metros de eslora se adentra imponente en la bahía de Algeciras. Con el peñón de Gibraltar perfilado a su espalda y bajo el insistente sol del Estrecho, el MCS Ariane enfila hacia el puerto de la ciudad gaditana en un jueves de principios de noviembre. Su señal de posición hace rato que se proyecta en una sala de pantallas, donde Macarena Gil, de 37 años, observa cada movimiento. 


Martín Zamora viste zapatos negros, pantalones negros, chaqueta negra, corbata negra y gafas de sol negras. Solo la camisa de rayas blancas y azules da respiro al luto. A sus 55 años y tras anotar hasta siete hijos en el libro de familia, camina decidido por el cementerio ceutí de Santa Catalina y se detiene frente al nicho 162 de la galería Santiago Apóstol.


Aquí, la puntualidad no llega a ser británica del todo. Simply the best, de Tina Turner, empieza a sonar con 14 minutos de retraso en el Mackintosh Hall. Los aplausos y los "¡viva!" —así, en perfecto castellano— irrumpen en este pequeño teatro del centro de Gibraltar, donde se congregan el primer martes de noviembre los militantes del GSLP, el partido en el Gobierno en coalición con los liberales. 

P. D.: La Asociación de la Prensa del Campo de Gibraltar y la Autoridad Portuaria de la Bahía de Algeciras decidieron conceder el segundo premio del 16º concurso Puerto Bahía de Algeciras al reportaje La primera 'lady pilot' de España. Muchas gracias.

domingo, 10 de mayo de 2015

El 'castell' que erigió Ronaldinho

El cronómetro cojeó muchas veces al enfundarse Ronaldinho la camiseta azulgrana. Eran esas benditas tardes en las que el tiempo se arrastraba por el espacio. El brasileño guardaba el balón en los bolsillos de sus zapatillas y lo transformaba en una sombra para los rivales; quienes, como en la alegoría de la caverna, apenas podían comprender que lo que realmente veían era la nada. Debían resignarse —y lo averiguaban al instante— a cazar moscas en vez de pelotas.

Sin prisas por hacerse adulto, Ronaldinho levantó un castell con Patrik Andersson y Quaresma de mosqueteros, que es como ir a buscar oro a Moscú sin abrigo ni gorro. Su primera arremetida llegó en una noche de verano, contra el Sevilla, cuando hasta Hércules y Julio César se bajaron de las columnas de la Alameda para aplaudir el doble dribling a la derecha y el disparo al larguero desde el anfiteatro que acabó removiendo las redes. Ese día, el reloj arrancó a la medianoche y decidió pararse para que Notario diese fe. Y punto.

A partir de entonces (2003), el Camp Nou cambió de mejilla. Ya bastaba de sopapos, de niños hartos de sorber las lágrimas cada final de temporada. Un poco de chocolate para merendar se hacía necesario. Y llegó con titulares que tiraron de lugares comunes —que si samba y malabarismo—, olvidándose las crónicas deportivas de que el fútbol siempre se construye con unas botas que disfrutan al sprint. Como cuando en 2007, ya en el cenit, Sergio Ramos ni le leyó el 10 de la matrícula al enfilar hacia Casillas, epílogo de un 0-3 y de los segundos más honorables de un Bernabéu rendido al Barça renacido tras años de destierro en el desierto.

El deporte consume ídolos como chupitos a un euro. Y el gaucho quiso trincarse la fiesta que había dado a otros. Al marcharse se le perdonó todo, porque los mitos edifican memorias de complicada disolución. Quien creció con un once pegado en la pared de su habitación nunca olvida los nombres que recitaba cuando los días se dividían en dos: las horas de colegio y el resto. Así que Ronaldinho, ahora que deambula perdido por México, ya tendrá tiempo de rebuscar a sus espaldas. Porque el fútbol, como el periodismo, al final siempre se resume de la misma manera: en tugurios, de madrugada, donde los veteranos se beben el presente para ensalzar el pasado.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Decálogo para "criminalizar" inmigrantes


Once veces. Jorge Fernández Díaz se sentó el pasado 13 de febrero en el Congreso y utilizó hasta once veces la palabra “asalto” para referirse a los saltos de las vallas de Ceuta y Melilla protagonizados por inmigrantes —incluido el que había acaecido apenas siete días antes y que acabó con la dramática muerte de 15 subsaharianos en la tragedia de Tarajal—. Ese término, precisamente, se repite también en los comunicados de Interior, en las notas de prensa enviadas por las delegaciones del Gobierno y, por supuesto, en las sucesivas declaraciones de los cargos públicos de las ciudades autónomas, como Imbroda y El Barkani. ¿Casualidad?

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martes, 21 de octubre de 2014

Paciencia nunca pensó que iba a morir

Paciencia es menudita —su rostro apenas asoma tras un enjambre de micrófonos—, pero su figura emerge enorme con cada palabra. En la mañana de este lunes, sus pasos resultan cortos al adentrarse en la abarrotada habitación donde aguarda casi un centenar de periodistas, pero la dimensión de su zancada se multiplica después con cada recuerdo. "Es horroroso ver cada día cómo tu vecino muere, cómo muere el de enfrente", rememora tras unas gafas negras, con voz pausada y firme. Y sentencia: "Era horroroso escuchar sus gritos". Los de quienes, infectados como ella por el ébola, aguardaban la muerte en camillas estrechas o en colchones tirados en el suelo.


Ocurrió en Monrovia, hace apenas dos meses, en un centro para enfermos localizado a las afueras de la ciudad liberiana, donde se hacinaban los pacientes y compartían hasta 60 un solo baño. Allí se recuperó Paciencia. Paciencia Melgar. La religiosa que se quedó allá —o se dejó allá, según se mire— cuando España repatrió al misionero Miguel Pajares. La hermana que se ofreció a venir acá después, ya sana, para ceder su plasma a otro español, Manuel García Viejo, también infectado por el virus. La mujer que, finalmente, aterrizó voluntariamente en nuestro país y donó su sangre para tratar a Teresa Romero, la primera contagiada de ébola en Europa.

"No guardo rencor a nadie por no haber venido antes a España, cuando tenía el virus. Yo no soy española", recalca ante los atentos reporteros. Y añade a continuación, sin permitir que pase un solo segundo: "Hoy me alegro de estar aquí haciendo el bien". Porque, para ella, natural de Guinea Conakry, eso es lo importante. Lo repite. "Ya he donado dos veces. Pero, si me siguen necesitando, estoy dispuesta a seguir donando por el bien común y para salvar otras vidas".

Suena sincera. Se emociona. Y vuelve a recordar esas semanas de vida —de supervivencia, mejor dicho— en el centro de aislamiento para infectados por el virus, a donde llegó tras echarse a la espalda más de 11 años como misionera en Monrovia, trabajando en el hospital de San José. Paciencia deja claro que, durante aquellos días, no pasó miedo. Que "somos hombres y mujeres de Dios". "Que confiamos en un Dios-amor que entregaba su vida por los demás". Que eso le daba fuerzas.

Paciencia, insiste, en ningún momento pensó que iba a morir.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Estampas madrileñas (VIII)


Estampas anteriores:
- Estampa VII: El domador de Lavapiés: "-¡Aquí tenéis al domador que se comió un brazo del león! -¡Será al revés! -No, señor."
- Estampa VI: Belén chulapo: "Estar contra lo ya pensado, contra la tradición, de la que no se puede prescindir, pero en la que no se puede confiar"

miércoles, 27 de agosto de 2014

La inmigración no es un problema


Las pateras han vuelto al Estrecho de Gibraltar camino de Europa. A un ritmo nunca antes conocido. Y, con ellas, la inmigración irregular ha regresado en pleno agosto a las portadas de los periódicos y a los titulares de los informativos de televisión y radio. Por tercera vez este año: tras las muertes de la playa de Tarajal (Ceuta) y el aumento del número de saltos en la valla de Melilla. Pero, pese a esa mayor exposición pública y "al alarmismo del Gobierno" —en boca de las ONG—, los españoles tienen muy claro que la inmigración no es uno de los principales problemas del país.

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viernes, 4 de abril de 2014

"Cuando amplié la foto, vi que no era un avión"

 
Un punto en el mar ha llamado la atención de Javier Celard esta tarde. "Iba en coche por la autovía cuando he visto lo que parecía un avión", explica por teléfono este fotógrafo amateur de 33 años, residente en Gran Canaria y natural de Vigo. En ese momento, no lo ha dudado. Se ha dirigido rápidamente a su casa, ha cogido la cámara y ha vuelto a la costa. "Apenas he tardado diez minutos". Entonces ha observado el inmediato despliegue de los servicios de emergencias. "Había un barco de Salvamento Marítimo que, en cuanto ha llegado hasta el supuesto avión, se ha dado la vuelta; un helicóptero de la policía; efectivos y ambulancias, de Cruz Roja y Protección Civil", explica este aficionado al surf. Y en ese instante de confusión ha disparado. "En cuanto hice la foto y después la amplié, evidentemente vi que no se trataba de un avión", sentencia.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Estampas madrileñas (VII)



Estampas anteriores:
- Estampa VI: Belén chulapo: "Estar contra lo ya pensado, contra la tradición, de la que no se puede prescindir, pero en la que no se puede confiar"

lunes, 24 de febrero de 2014

Resulta que no eran las películas

El patio de butacas es un estado de ánimo con el silencio como emblema, como marca de identidad. Pero un silencio engañoso y falso. Un mutismo mentiroso y tramposo. Porque en la sala, en ese espacio donde el haz de luz proyecta sueños de otros, el sigilo se transforma en un objetivo falaz e inalcanzable. Allí se intuyen los cuchicheos de las parejas en las comedias románticas -"¡mira, como nosotros!", parece que se dicen mientras el chico conoce chica, chico se enamora de chica, chica rechaza a chico, chico insiste a chica y chico finalmente conquista a chica-; también se escuchan los gritos (muchos agudos) en películas de terror, donde algunos adolescentes se desgañitan y otros, en cambio, aprovechan la oscuridad para intuir la vida. 


También allí se perciben las respiraciones aceleradas en los thrillers, en el cine negro y en el género de suspense: "¡Cuidado, que llega el asesino!". Y, por supuesto, se oyen las risas, los aplausos y los vítores con el cine de aventuras. Como cuando Harrison Ford, Sean Connery, John Rhys Davied y Denholm Elliott -Indiana Jones, Henry Jones, Sallah y Marcus Brody, respectivamente, en La última cruzada (1989)- se despiden a caballo en una escarpada Petra, alejándose al galope y dejando en el aire esa famosa frase: "¿Indiana?... ¡Te pusieron como al perro!". 

El cine sigue vivo, aunque preludien su muerte. Porque todavía, por mucho que lo intenten, el ordenador, las tablets y los iphones no consiguen crear el aura que regala el patio de butacas. Aún así, es cierto que desciende el número de espectadores. 2013 cerró con una recaudación de 500 millones de euros aproximadamente, según datos de El País. Cifra que supone una caída de 114 millones respecto a 2012, y de 135 millones en comparación con 2011. Pero, ¿a qué se debe? ¿El público prefiere el salón de su casa a la pantalla del multicines? 

Más bien, pongamos que es una cuestión de euros, de dinerito, de rascarnos el bolsillo, de tarifas desorbitadas, de precios por encima del punto que debería fijar la Ley de la Oferta y la Demanda. ¡Ay!, si Adam Smith levantara la cabeza y viera cómo esa mano invisible del mercado es incapaz de autorregularse, si observara cómo los distribuidores rechazan cualquier alternativa a un modelo obsoleto. Y es que sus argumentos, la de los autoproclamados dueños de este negocio, se desmontaroncuando llegó la Fiesta del Cine: del lunes 21 al miércoles 23 de octubre, con las entradas a 2,90 euros. Más de 1,5 millones de espectadores decidieron entonces que sí verían encenderse el proyector. Siete veces más de público que los mismos tres días de la semana anterior. "Resulta que no eran las pelis o la comodidad del hogar, sino el precio", concluye el periodista Gregorio Belinchón. 

Sus soflamas contra la piratería se fueron por el retrete. Ya no valían las excusas de siempre. Ya no podían proclamar que si un chaval se descarga una película por internet no irá a verla al cine; porque, aunque se la baje de la web, puede que ese joven nunca hubiera acudido a verla a las salas. Porque, con 2013 como ejemplo, como defender que no es un timo cobrar más de ocho euros por filmes como Iron Man 3, El hombre de acero o La Jungla: un buen día para morir. 

El silencio como emblema. Ese continúa siendo el truco. Ahí sigue la magia. Escondida entre la oscuridad, entre los murmullos. La sala sigue mandando, sigue imponiéndose. Quizás, no para siempre. Pero, por ahora, al menos, ahí anda. Porque, allí dentro, el tiempo no pasa. O, al menos, pasa mucho más lento.

Último artículo para la revista Nuestro Ambiente (Montilla)

sábado, 1 de febrero de 2014

España marcha atrás: "La clase media adelgaza"


Casi un mes de trabajo. Recorriendo las calles, escudriñando informes, conversando con expertos, charlando con la gente. Un equipo de 13 periodistas, entre los que me encuentro, ha trabajado en este especial con un solo objetivo: saber qué nos ha dejado la crisis. Y, a la hora de sacar la principal conclusión, lo ha tenido claro. Una España marcha atrás. Esta es una nación donde los hijos tienen que aprender a vivir peor que sus padres; donde uno de cada cinco ciudadanos vive por debajo del umbral de la pobreza; donde la emigración vuelve a dispararse; donde la clase media disminuye; y donde los recortes sociales acentúan las diferencias entre los ricos y menos afortunados, entre el norte y el sur del país.

La 'home' del especial: 
- Una España marcha atrás

Varios artículos:
- La clase media adelgaza                                                    - Radiografía de la clase media
- Un abismo se abre entre dos Españas                               - Atrapados bajo el mismo techo
- Separadas por la crisis                                                          - Cuando fuimos clase media
- Empresas, del oro al barro                                                    - Fagor desmonta Mondragón
- Silencio en los colegios mayores                                       - "¿'Startup'? Es algo dulce, ¿no?"
- El largo camino de la maleta de cartón al Skype              - El cementerio de los campeones
- "Hay un tipo de teatro censurado por la crisis"                           - Emigrantes en la sombra

Los autores:
- Los 13 periodistas

martes, 21 de enero de 2014

Los otros "inocentes" del presidente Mariano Rajoy


Mariano Rajoy, poco dado a regalar titulares a los periodistas, ha conmovido en la noche del lunes al respetable cuando ha decidido recogerse los calzones y meter el pie en un charco. "Estoy convencido de la inocencia de la Infanta, le irá bien", ha sentenciado. Y punto. Palabra de presidente. A Gloria Lomana se le ha erizado el vello de la emoción en el plató de Antena 3. Y los reporteros se han lanzado a Twitter para intentar adelantarse al adelantado y meter tal aseveración gubernamental en 140 caracteres. Pero, válgame la hemeroteca, que recuerdo a nuestro arrendatario de La Moncloa otras afirmaciones parecidas e idénticas: Camps, Bárcenas y Fabra. Todos ellos ya recibieron el apoyo paterno del líder del PP. Aquí los otros "inocentes" de Rajoy:

- 11 de julio de 2008. "Fabra es un ciudadano y un político ejemplar para el PP": Corrían malos tiempos entonces para Mariano. Acababa de perder sus segundas elecciones consecutivas contra Zapatero y, el secretario general de los populares, buscaba el apoyo de los barones del partido. Así que, metido en faena, emprendió camino hacia Castellón; y, allí, visitó el puerto y cenó con los militantes en el Gran Casino de la ciudad. Una oportunidad que no perdió para referirse al entonces presidente de la Diputación con tan honrosas palabras. Fabra, ese "político ejemplar", se encuentra condenado a cuatro años de cárcel por defraudar a Hacienda 700.000 euros. 

- 2 de abril de 2009. "Nadie podrá probar que Bárcenas no es inocente": Entonces, en abril de 2009, el líder del PP y su tesorero sí se escribían SMS. No como ahora, según ha reconocido el presidente del Gobierno en la entrevista de Antena 3. Rajoy se reunió ese 2 de abril con el Grupo Popular vasco en la sede de la Cámara de Vitoria y, a su salida, no dudó en defender a Bárcenas (salpicado por la trama Gürtel, aunque todavía sin imputar). Aún  nadie sabía que el destino depararía una venganza en forma de Los Papeles y que el extesorero terminaría durmiendo en prisión.

- 4 de junio de 2010. "Para mí, Camps es inocente": Un jurado popular determinó en 2012, por cinco votos a cuatro, que el expresidente de la Generalitat era inocente del delito de cohecho impropio por el caso de los trajes. Pero, a pesar de su absolución, el PP le impuso la condena de desalojarlo del poder en Valencia y mandarlo a la segunda línea de la política. Rajoy lo defendió en junio de 2010 en Almería y, hasta ahora, ningún tribunal le ha condenado. Eso sí, los escándalos le cercan: el juez Castro le ha citado para declarar como testigo por el caso Nóos, hasta siete consejeros de su etapa han sido imputados por la trama Gürtel y el PP pagó en negro el congreso que eligió a Camps.

Foto de Rajoy: Luis Sevillano (El País)

sábado, 18 de enero de 2014

"Madrid a fuego con #Gamonal"

Aprietan filas al llegar a la cuesta de Moyano. Los seis chavales que han asumido el papel de cabecillas se agarran, desafiantes, los brazos. Detrás casi 100 personas. Y, enfrente, una línea de antidisturbios que permanece clavada ante ellos. Los jóvenes parecen decididos. Van a atravesar ese frente, a pesar de que el mando policial ha acordado que se acabó el desfile por la calle de Alfonso XII; y que, si quieren continuar, los manifestantes -reunidos a las ocho de la noche en Sol- deberán bajar por la cuesta. Finas gotas de lluvia mojan las pancartas, a un lado; y los cascos, al otro. Un grito irrumpe: "¡Seguimos por aquí!". Y los congregados arremeten contra los agentes. Empujones. Vuela una piedra. Sacan las porras. Cae un golpe. Y cuatro policías se llevan a los furgones a los dos primeros retenidos. Esto es el Efecto Gamonal, que ha dejado en la noche del viernes cinco detenidos en la capital.


Las protestas por la construcción del bulevar se han extendido por varias localidades de España. Ni siquiera el alcalde de Burgos, Javier Lacalle, consiguió calmar los ánimos cuando a las seis de la tarde de ayer anunció que renunciaba al proyecto. En las calles, realmente, se protestaba por otra cosa. "Nos quitan la Sanidad, nos bajan las pensiones y los jóvenes se tienen que ir fuera", comenta Carmen, de 59 años, ataviada con un abrigo de pieles marrón, mientras sube por la calle de Montera junto a los manifestantes. A las ochos se concentraron en Sol. Media hora después emprendieron la marcha hacia Gran Vía, donde unas 250 personas cortaron el tráfico y enfilaron hacia Cibeles y la Puerta de Alcalá. De ahí, a la cuesta de Moyano.

"Madrid a fuego con #Gamonal. La chispa que enciende la revolución", reza una pancarta. Guillermo, de 19 años y vecino del barrio de Moratalaz, es uno de los dos hombres que la portan. "Estamos aquí como muestra de rechazo a la represión policial de estos días", apunta el joven, estudiante de Ciencias Políticas, que viste con deportivas negras, pantalón de chándal gris y chaquetón negro. A su lado, un sexagenario se lía un pitillo, levanta el puño derecho y grita "La lucha es el único camino". Cuando se le pregunta por su nombre, se escabulle entre la masa. "Yo no hablo con la prensa", masculla.


La tercera jornada de protestas consecutivas en España se ha saldado con una veintena de detenidos en varias ciudades. En Madrid, a las diez y media, los antidisturbios arrestan a uno de ellos. Tras los enfrentamientos en la cuesta de Moyano, la policía ha rodeado a unos 70 manifestantes y los ha ido identificando con el objetivo de dispersarlos. Uno a uno iban marchándose. Pero un pequeño grupo volvió a concentrarse en la calle de Alfonso XII. Entonces volvieron las carreras y los incidentes; que acabaron con un joven esposado, rodeado por agentes y sentado en el bordillo de la acera de la calle de Espalter. Se lo llevan a los calabozos.

"Me pegaron y casi me detienen el jueves", comentaba Catalina, de 22 años, un par de horas antes en Sol. Estuvo en los tres días de protestas. "La violencia la ejercen quienes llevan porras", añade la chica, con el pelo teñido de rojo. Junto a ella, Carla, de 29 años, vecina de Lavapiés y profesora de Lengua en un instituto: "La paralización de las obras de Gamonal demuestra que protestar sirve para algo".

jueves, 26 de diciembre de 2013

12 portadas que nos deja 'La Gaceta'

En el arco ideológico de la prensa en papel, La Gaceta se situaba en uno de los dos extremos. Su marca era el toro, España, la cúpula eclesiástica, el liberalismo económico, los pro-vida y Esperanza Aguirre. Sus dirigentes (con la televisión como ventana de exposición al público) hacían gala de sus pulseritas de la rojigualda, de sus camisas de cortijero, de sus patillas de bandolero y de sus noches de tajada con vino gratis. Eran de derechas, lo admitían y enarbolaban su sello conservador. Y comentaban que estaban "orgullosos" de ser lo que eran y defender lo que defendían. Vamos, cuales gays reconvertidos en traje de sotana, apuntaban que no se escondían en ningún armario. Eso eran. Y eso ya no son. La Gaceta ha llegado hoy a los quioscos por última vez. El periódico cierra tras meses de impagos. Un diario económico fundado en 1989 como La Gaceta de los Negocios, al que le sentó bien el salmón. Llegó a competir con Cinco Días y Expansión. En 2009 lo adquirió el grupo Intereconomía, que recortó el nombre y lo generalizó. Desde ese año, algunas de sus portadas han oscilado del escándalo a la infamia, del desprecio al insulto. Aquí varias. Sus protagonistas: Zapatero (el gran enemigo de la madre patria), Obama, ETA, el aborto, Franco, el matrimonio homosexual, Garzón...

 



 

 

 
 

lunes, 23 de diciembre de 2013

Preguntas a uno mismo

El latido del corazón rompe su ritmo habitual. Los párpados, inmóviles y abiertos, dejan de ejercer su función natural. Y el sudor empieza a recorrer los dedos de unas manos tensas, contraídas, agarrotadas, rígidas. En un patio de butacas abarrotado, repleto de miradas expectantes, transcurren dos horas y media de deliciosa tensión, de fascinante angustia, de sensaciones controvertidas. 153 minutos de rostros tirantes, de ojos nerviosos. Porque, absorto, el público contempla Prisioneros (2013), la última película estrenada en España del director Denis Villeneuve. Una cinta protagonizada por el polifacético Hugh Jackman. Una obra que acelera tu respiración. Que te paraliza. Que te estruja las entrañas. Que te retuerce el estómago. Un largometraje sobre el desconsuelo, sobre el tormento, sobre la aflicción, sobre la desesperación. 


Dos niñas desaparecidas. Unos padres destrozados. Un secuestrador desconocido. Y un personaje capaz de romper con su ética -y corromper la de los demás- para lograr recuperar a su hija. Jackman, ese torturado progenitor, tritura tu conciencia. Él rompe las reglas. Viola la moral. Y traspasa los límites aceptables de una sociedad democrática, de una clase aburguesada. Pero lo hace con el beneplácito del espectador, que lo comprende, que comparte su capacidad para pelear por su pequeña. Cueste lo que cueste. Haciendo lo que haga falta. 

Prisioneros es una película de preguntas. “¿Sería yo capaz de torturar incesantemente a un presunto culpable si creyera que ha podido raptar a mi hijo? Las respuesta me desasosiega en caso afirmativo y en caso negativo”, expone el crítico Carlos Boyero, del periódico El País. Villeneuve compone un thriller oscuro, elegante, perturbador. “Son más de dos horas de nudo en la garganta, de dejarse las uñas agarrando el reposabrazos, de revolverse en la butaca en la que estás atrapado, removido, inquieto. Preguntándote qué harías, qué dejarías hacer, hasta dónde llegarías”, añade Irene Crespo, de la revista Cinemanía.

Y Jackman inunda la pantalla con una actuación soberbia, con esa sorprendente capacidad para transmitir verdad. Con una interpretación que dista años luz de sus papeles como superhéroe, el actor conduce al espectador a la reflexión. ¿Dónde acaba y empieza la justicia? ¿Quién puede ejercerla? ¿Puede perdonarse a una víctima que termina convirtiéndose en verdugo? “Representa a un animal capaz de cubrirse de maldad y odio con tal de proteger a los suyos, y lo hace más allá de los límites racionales. Es ahí donde crece la figura, gigantesca de por sí, de Hugh Jackman (claro favorito al Oscar), que se maneja mejor en los límites desfasados de la furia y la ira irreprimible”, subraya José Manuel Cuéllar en Hoy Cinema.


Pero, inevitablemente, para alcanzar esa tensión, el protagonista se apoya en un pulido guión de ritmo constante. Un libreto repleto de giros, de imprevistos, de recovecos y escondrijos. El espectador anda por este camino empujado por un reparto encomiable. Jake Gyllenhaal, que se convirtió en un icono con Donnie Darko (2001), interpreta al agente encargado de investigar la desaparición de las niñas. Un hombre complicado, atormentado, de aparente pasado oscuro. Un policía del que no sabemos nada y que acompaña a Jackman en su asombrosa búsqueda de la redención. “Dicen que el diablo está en los detalles y me gustó mucho hacer ese ejercicio de imaginarme de dónde salía este hombre”, explica Gyllenhaal de su personaje.

Frente a él irrumpe Paul Dano, el primer sospechoso del secuestro. Solitario. Extraño. Deficiente intelectual. Escondido tras una mirada esquiva y huidiza. El chaval, que centra la sospechas del protagonista, compone una de las escenas más aterradoras del filme. Unos minutos en los que el agua resuena en un cubículo minúsculo, en una habitación donde la inocencia se cuestiona. La oscuridad se adueña del momento. Un rayo de luz se cuela por un diminuto agujero. Solo observamos un ojo, una mirada. Solo escuchamos un siseo. Solo percibimos dolor. Y dudamos sobre si compadecernos ante tanta crueldad o aprobarla.

Entonces es cuando la saliva desaparece de la boca . La lengua recorre los dientes secos. Los cuerpos del público se acurrucan y empequeñecen en sus sillones. Se escucha un “No, no, no”. También un “Por favor, ya no aguanto más”. Hay quien cierra los ojos superado por el pavor a un terrorífico desenlace; plegado a ese posible final que haga realidad sus miedos, sus temores, sus peores pesadillas. Y nos preguntamos si nosotros mismos recurriríamos al salvajismo para recuperar aquello que más preciamos. Y nos cuestionamos si esa crueldad forma parte de nuestra esencia.

Artículo publicado en la revista Nuestro Ambiente (Montilla)

Otras críticas de cine:

viernes, 15 de noviembre de 2013

David Jiménez: "Le he dado más valor al periódico cuando me he ido a un pueblo remoto del Tíbet"

Para aprender periodismo, hay que escuchar a los mejores periodistas. Entre ellos, a David Jiménez, corresponsal de El Mundo en Asia. El autor vuelve a las librerías, tras su magistral Hijos del Monzón. Y esta vez trae El lugar más feliz del mundo. En los siguientes dos vídeos de la presentación de la obra -bastante cortitos (desgraciadamente)-, cuando se acompañó de Ana Pastor, escuchamos algunas de sus reflexiones.




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lunes, 11 de noviembre de 2013

Estampas madrileñas (VI)



Estampas anteriores:
- Estampa V: El pasado de la Gran Vía: "El pasado sólo cabe retenerlo como imagen que relampaguea de una vez para siempre en el instante de su cognoscibilidad"
- Estampa IV: No hay 'huebos': "El verdadero valor no es llamar a la muerte, sino luchar contra el infortunio" ¿No hay 'huebos?"
- Estampa III. La Giralda: "En la plaza de toros de Las Ventas, hoy vendían Sevilla"
- Estampa II. Smoke on the waters: "Tuvimos que encontrar otro lugar, pero el tiempo suizo se está acabando. Parecía que perderíamos la carrera".
- Estampa I: Talleres Ribercar: "En el centro de Madrid aún quedan talleres. Aún quedan grafitis. Aún queda vida. Aunque sea sábado y agosto".

Aunque se sufra como un perro, no hay mejor oficio

En el Campo de Gibraltar, desde el miércoles, los ciudadanos están más avisados, las putas más advertidas y los Gobiernos más inquietos. Y es que, ya lo dijo Paco Umbral, para eso sirve el periodismo. Así que desde que se llenaran de La Verdad las calles de La Línea, Algeciras, San Roque, Los Barrios, Tarifa y Gibraltar; desde que una veintena de reporteros se ilusionaran de nuevo con esta profesión; desde entonces, y aunque pocos lo sepan, la comarca ha ganado en libertad. Estos periodistas vuelven a recorrer la ciudad con ojo crítico. Y aunque el futuro les resulte incierto. Aterrador, incluso. El orgullo de emprender un nuevo camino no se lo quita ya nadie. Eso es vuestro. Porque, como afirma Paco Correal, "un periódico es una de las formas más honestas y gratificantes de mancharse las manos para que no te manchen el alma".


P. D.: El título del post forma parte de una frase del escritor Gabriel García Márquez sobre la profesión: "Aunque se sufra como un perro, no hay mejor oficio que el periodismo".

[Post relacionado: Algeciras, ciudad de cosas inadvertidas]