sábado, 9 de febrero de 2013

Algeciras, ciudad de cosas inadvertidas

Algeciras es una ciudad de cosas inadvertidas. Una ciudad que empieza con el sol de cara. Y se acuesta cuando éste se esconde a su espalda. Algeciras mira al mar sin verlo, ignorándolo a medias. Enfrentado con él y viviendo de él. En una relación contradictoria, impertinente, desafiante. Algeciras pertenece a su horizonte, allí donde se alza a diario un Peñón imponente. Ese que los días de neblina (esa mezcla de nubes bajas y agua evaporada del Mediterráneo) apenas se perfila en la Bahía. Ese que se esfuma, desaparece o se esconde. 

Vista nocturna de la ciudad desde el Rinconcillo (Foto Contrastes)

En Algeciras hay un bar por cada 117 algecireños. En la calle José Antonio Primo de Rivera se exhibe uno de ellos. Allí, José sirve cafés al compás de su lengua. Él habla de Cataluña, de fútbol, y de micro y macroeconomía; sienta cátedra sobre corruptelas, sentencias judiciales y el Real Madrid. A euro el cortado; José no opina, legisla de viva voz. Pone en cada realidad ese sentido común que otorga la calle y la barra de un bar. El carajillo se enfría. Y los jubilados apuran las tazas de la vida. El tiempo se detuvo en el Café-Bar. En sus paredes, los toreros aún cortan orejas y regalan elegantes pases de muleta. Entre los nombres y apodos de los matadores se vislumbran rostros reconocibles. Otros ya se olvidaron.

A tan sólo unos metros, la Plaza Alta se obsesiona con el tiempo. Las horas transcurren en sus bancos, en su fuente de agua pasada, en las ranas que escupen ausencia. A la plaza la miran decenas de caras, grabadas en las cerámicas que Antonio Martín diseñó en 1930 -y que restauró su propio hijo, José, en los años 90-. A la sombra de sus palmeras aguardan las distintas clases sociales, etnias y religiones de Algeciras: madres españolas que pasean a sus bebés en carritos; aburguesados que comparten vinos y cervezas al mediodía en las terrazas, antes de marcharse a casa para almorzar; parejas de jóvenes marroquíes que, inexpertos y asustados, se dan la mano por primera vez; grupos de adolescentes (nacionales y moros) que ríen, gritan y conspiran contra el paso del tiempo.

Por el puerto de Algeciras entran 4 millones de contenedores al año. En sus muelles embarcan 1,14 millones de automóviles desde enero a diciembre. Y en sus entrañas se encontró el segundo mayor alijo de heroína de la historia de España. 150 kilos que viajaban rumbo a Costa de Marfil, ocultos en palés de madera y junto a un cargamento legal de polvo de óxido de hierro.

Porque esta ciudad también se explica por su droga y su narcotráfico, sus gayumberos y su menudeo, su hachís y su bajarse al moro. La Benemérita incauta toneladas de estupefacientes cada año: 53.800 kilos de cannabis en 2011, casi el 20% de todo el intervenido en España. Por ello, en Algeciras, el delincuente se confiesa especial. Su perfil, reconoce un mando de la Guardia Civil, se aleja del habitual. Apenas existen ladrones y tironeros. Aunque los hay. De hecho, en pleno centro, alguien asaltó una farmacia durante la madrugada. Ese día, un indigente avisó por teléfono a Emergencias, pero nadie le escuchó. Pobre Algeciras. Eso sí, la policía encontró al caco porque se le cayó el DNI al suelo en mitad del ajetreo, cuando registraba la caja y acopiaba medicamentos. Lo puso fácil.

 Un buque encallado frente al puerto (A. Pérez Llorca)

“No me miren así cuando digo que la quiero: ya sé que es fea”, reconoció el poeta almeriense Ilya U. Topper al hablar de la ciudad. Porque, Algeciras pertenece a pocos, a muy pocos. Únicamente el 60% de sus habitantes nació allí. El resto, un 40%, arribó a la capital del Estrecho en algún momento de su vida. Y es que Algeciras irrumpe en el paso de muchos: unas 1.300 personas llegan cada año. Aunque, en 2011, otras 1.700 se marcharon.

Las estadísticas arrancan lágrimas en una barriada, en Cortijo Vides. Ella se llama Alba y suma 15 años. Su ligera sonrisa esconde el drama de una familia. Tan sólo 500 casos en el mundo, 17 en España y 3 en Andalucía. Ella sufre Niemann-Pick, una enfermedad extremadamente rara, sin cura, que provoca la pérdida progresiva de las habilidades motrices, de la capacidad de hablar y andar; dificultades en la actividad intelectual y a la hora de tragar alimentos; insuficiencia respiratoria y desconexión progresiva del medio que les rodea. En su hogar, en su ático, en su cuarta planta de un austero edificio de barrio humilde; allí, atardece más rápidamente.

Algeciras es una ciudad en la que enormes gaviotas se disputan los restos del mercado de abastos. A unos metros, atentos y temerosos, los perros callejeros aguardan su oportunidad para conseguir su bocado. En ese enclave y en esa pelea, cuando los tiempos vienen mal dados, también participan los toxicómanos del centro de dispensación de metadona de Emilio Burgos. Una instalación oculta a la mirada, escondida en un callejón en cuesta, a la espalda del antiguo hospital de la Cruz Roja.

La Virgen del Carmen vertebra la ciudad. De su entrada al puerto. De su paseo marítimo a la autovía y a la circunvalación. Del Río de la Miel a la Fuente del Milenio. De las putas de 30 euros a las celebraciones por las victorias futbolísticas. En esa avenida, un alemán septuagenario u octogenario, quién sabe, recoge los restos de basura y brama inteligibles frases. Él vive en la calle. Tapado con una manta, con la cabeza sobre dos cajas de cartón, observa las estrellas desde la puerta de un bazar chino. A primera hora de la mañana se despierta, levanta y recoge sus escasas pertenencias. El anciano comparte sol con una mujer marroquí, que sobrevive desde hace años en el interior de una destartalada camioneta, aparcada en el Llano Amarillo.

Y al mediodía, en las paradas de autobús de Virgen del Carmen, un hombre con barba y maletín saluda a todo viandante. Cada día, llueva o apriete el calor, él se sienta en el banquito de la marquesina más próxima a la rotonda de Blas Infante, sonríe y te mira; y agacha la cabeza respetuosamente. Sus papeles están en blanco. Porque Algeciras esconde historias. Por ejemplo, su archivo municipal resguarda papeles que se remontan hasta 1755, y más de 9.700 cajas con documentos a descubrir. La cárcel de la ciudad, Botafuegos, alberga unos 1.700 presos. Hasta 75 oficinas bancarias se reparten por las calles de la localidad. Y el 30% de los fallecidos en la ciudad mueren por enfermedades circulatorias y un 29% por tumores.

 Inmigrantes, recién llegados de la otra orilla del Estrecho (EFE)

Algeciras son sus inmigrantes, los que arriban en pateras a la dársena del Saladillo, donde los voluntarios de la Cruz Roja los abrigan y alimentan. Ante la mirada de agentes de la policía, los subsaharianos se desvisten. Ya sea de noche o de día, arrojan sus pantalones y camisetas húmedas a un rincón del muelle. Allí se apilan. Unas mantas rojas sobre los hombros suelen ocultar sus rostros. Prácticamente desnudos, únicamente con unos calzoncillos, piensan en esas aguas del Estrecho frías y traicioneras, esas que ya quedan lejos. Y miran los altos edificios del primer skyline de Algeciras,  donde se apilan las ventanas, desde donde se observa el Peñón, y la puesta de sol, y los enormes buques mercantes. Y muchas de las otras raras maravillas de esta ciudad sin tiempo. De esta ciudad de cosas inadvertidas. 

Inspirado en Nueva York, ciudad de cosas inadvertidas de Gay Talese
"A todos mis excompañeros, porque siempre lo serán"
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jueves, 7 de febrero de 2013

Para cuando nos creímos ricos

La vida da lecciones. Quizás no a todos y no siempre. Pero, en ocasiones, sí a toda una sociedad. En concreto a la española. En poco tiempo, este país se creyó rico, se ensimisó, se enamoró de su reflejo en un dorado espejo; y olvidó su pasado -puede ser, a posta-. Lo cierto es que España fue primero país de emigrantes. Después, nación de inmigrantes. Y en ese tiempo, cuando las monedas no cabían de la bolsa, apareció una preocupante xenofobia: La inmigración, la segunda preocupación de los españoles (2005).

Pero, ahora, les toca a los españolitos volver a hacer las maletas. Y todo se ve con otros ojos. Una situación que ayuda a reflexionar. Por ejemplo, una joven sevillana sufrió en Londres la xenofobia de otros. Ella se encontraba en un hospital con una amiga de Nigeria. Así lo explica El Correo de Andalucía en un artículo publicado: "En un vídeo que reproduce el diario británico Daily Mail se ve a una mujer británica que empieza a increparles con expresiones de corte racista:

  • Británica: "Lo que le ha pasado a este jodido país, ¿de qué país eres?"
  • Sevillana: "España"
  • Thompson: "¿Qué importa de qué país soy?"
  • Británica: "Porque pagamos impuestos gilipollas y nos estamos hundiendo en esta crisis"
  • Thompson: "No me llame gilipollas"
  • Británica: "Te lo digo, porque venís por aquí alegando pobreza y yo no estoy bien"
  • Thompson: "Usted no me llama gilipollas, no lo acepto, no puede venir e insultarme en mi cara, no lo hará... llamarme gilipollas... ¿está bien?" .
  • Británica: "Pues no lo aceptes, gorda gilipollas". 

martes, 5 de febrero de 2013

Supuestas imágenes del asesino de Quinindé

Un hombre, armado con un cuchillo, asesinó en la noche del lunes (03.00 hora española del martes) a dos simpatizantes del presidente de Ecuador, Rafael Correa. El ministro de Interior, José Serrano, explicó ayer que el atacante apuñaló a seis personas, tras acceder a las instalaciones donde iba a celebrarse un mitin del jefe del Ejecutivo. Las cuchilladas acabaron con la vida de dos de ellas: Fricson Vivero Nieves y Gregoria Virginia Porozo, de 28 y 63 años respectivamente. Ambos murieron durante su traslado al hospital, según informó el periódico El Telégrafo. Las otras cuatro víctimas se encuentran actualmente ingresadas en un centro sanitario. 

Un espectacular vídeo, colgado en Youtube, muestra el momento de la agresión. Aún no se han confirmado por fuentes oficiales dichas imágenes; aunque el Gobierno de Ecuador sí le dio veracidad a esta secuencia de 20 segundos. A continuación, el vídeo:


martes, 29 de enero de 2013

El ‘Amour’ de Michael Haneke

El cine europeo decidió finalmente rendirse al talento de Michael Haneke, a su desgarradora y descarnada visión del mundo. El Viejo Continente desechó nadar contra corriente, obviar el virtuosismo de un director escalofriante, apabullante y abrumador. Por ello, eligió La Valeta (Malta) para encumbrar su mirada, para ensalzar una trayectoria constante y contundente. La Academia del Cine Europeo no se anduvo con rodeos y concedió sus cuatro premios principales a la nueva cinta del austriaco, Amour (2012): mejor película, director e interpretaciones masculina y femenina –galardones que recibieron los actores Jean Louis Trintignant y Emmanuelle Riva respectivamente-. Un film que ya obtuvo, anteriormente, la prestigiosa Palma de Oro del Festival de Cannes y el distintivo de Mejor Película Extranjera otorgado por el Círculo de Críticos de Nueva York.

Esta obra, estrenada en España el 11 de enero, aborda los grandes temas trascendentales de la humanidad. Cual clásico literario, el metraje de Haneke ahonda en la muerte, en el paso del tiempo y en el amor. Pero, sobre todo, su historia se aferra a la compasión, a la angustia y al desasosiego. “El tema principal no es la muerte ni la vejez, sino la manera de afrontar el sufrimiento de un ser querido”, reconoció el propio autor, que confeccionó una película sobre un anciano matrimonio, que carea los efectos de una grave enfermedad. Basada en el suicidio de una tía del cineasta, la narración describe la degeneración física y psíquica que sufre la protagonista. A través de ese proceso, el director habla de la rabia, de la amargura, de la impotencia y de la desolación. Por supuesto, también del miedo a la soledad.




Una mezcla explosiva que sirvió para arrodillar al séptimo arte, para lograr que Europa volviera a rendirse ante su genio creador y perturbador. En cada una de sus películas, Haneke ha demostrado su capacidad para revolver el alma, para estrujar el corazón del espectador, para agarrar con fuerza las entrañas de público y mostrarle una desgarradora versión de la realidad. El cineasta siempre supo perfilar la violencia racional, el maquiavélico y estratégico uso del terror. El austriaco siempre ha acertado a la hora de enseñar la verdad. Una verdad sin tapujos, sin intermediarios edulcorados, sin desviar la cámara de lo importante, de su objetivo principal: crear un clima irrespirablemente atractivo, que te enganche como un yonki a la heroína (sabedor del dolor y desasosiego que te provoca, pero sin poder evitarlo).

De alguna forma, este director ha devuelto Europa a la élite hollywoodiense. Más allá de ese cine existencialista tan achacado al Viejo Continente, Haneke reconvirtió las estructuras del séptimo arte europeo con Funny Games (1997); asentó unas nuevas bases con La Pianista (2001); y las explotó en La cinta blanca (2009) y, ahora, en Amour. El cineasta se ha convertido en un referente mundial, al igual que lo fueran en otras décadas los italianos Fellini, Pasolini, Bertolucci, Sergio Leone y de Sica; o el francés Truffaut.

Una cumbre alcanzada mediante la radicalización de la turbulencia y la algarabía. Él siempre habla del disturbio interno de cada individuo. “Haneke es una verdadera autoridad retratando psicopatías e infiernos íntimos en ambientes presuntamente civilizados”, explica Carlos Boyero, crítico de El País. En cierta manera, recorre los pasillos de los demonios personales; abre las puertas del alma y despedaza su contenido. Una forma de invitarnos al desquicio, a la locura, al caos.

Publicado en la revista Nuestro Ambiente (Montilla)

miércoles, 26 de diciembre de 2012

La NASA también baila con el Gangnam Style

Más de 3,5 millones de internautas lo vieron ya, observaron como la NASA se sumaba al hit del momento y al éxito musical del año que ahora concluye. 2012 finaliza a ritmo de coreografía asiática, con el Gangnam Style resonando en discotecas y karaokes. Y los científicos no podían dejar escapar esta oportunidad. La ciencia mola, que diría el presidente del Córdoba C. F.. Y los investigadores espaciales echaron mano de sus recursos para regalar un producto extraño: medio friki, medio divertido. Un artículo de consumo peligroso, de esos que requieren una lectura detallada del prospecto:

jueves, 29 de noviembre de 2012

¿El Gobierno de España no piensa en las víctimas?

Cuatro Mossos d'Esquadra torturadores no ingresarán en prisión: Joan Salva, Manuel Farré, Fernando Cea y Jordi Perissé. Sus abusos y delitos quedarán impunes. No pagarán por esperar a un sospechoso en la puerta de su casa, por no identificarse como policías, por propinarle una paliza, insultarlo e introducirle una pistola en la boca como amenaza. Nada de eso le vale el Gobierno de España para aceptar penas de hasta cuatro años de cárcel, impuestas por el Tribunal Supremo (TS). En vez de asumir el dictamen de la Justicia, el Ejecutivo ha preferido dictar dos indultos que eviten el ingreso en prisión de los condenados y que, además, posibiliten su vuelta al ejercicio profesional en apenas dos ejercicios. El equipo de Rajoy cambió la inhabilitación por la suspensión de cargo público por un periodo de tan sólo dos años.

Supongo que los ministros y el presidente del Gobierno, cuando refrendaron esa decisión, pensarían en la víctima. Valorarían todos los condicionantes y adptarían una postura. Por ello, leyendo su dictamen final, entiendo que Rajoy indultaría a cuatro policías que esperaran a su esposa en la puerta de su casa, que no se identificaran como agentes, que le propinaran una paliza, la insultaran e introdujeran una pistola en la boca como amenaza. Comprendo que, de darse el caso, nada influiría que esa mujer compartiera cama con él, que fuera la cónyuge del ahora líder del Ejecutivo. Total, "se dan las condiciones favorables", como argumenta Gallardón.

El uso torticero del indulto por parte de este Gobierno -y, por supuesto, también de los anteriores (incluido los equipos del PSOE)- demuestran la estafa democrática de la casta política hacia la sociedad. Este enémiso indulto favorece el descrédito de una clase que legisla y juzga, obviando la separación de poderes que fundamenta y garantiza la Libertad y la Justicia en España. Lo previsto como excepción se convierte en norma. Este nuevo indulto supone un paso atrás. Uno más. Y los propios magistrados lo saben. Por ello, alzan la voz contra un ilegítimo uso de la legalidad vigente.

Porque estos son los escalofriantes datos, publicados por Ignacio Escolar, que demuestran el abuso de poder cometido por los diferentes Ejecutivos: el Consejo de Ministros de Rajoy acumula ya 444 indultos en lo que va de año; desde 1977 se firmaron 17.620 indultos (a terroristas del GAL, grandes empresarios y banqueros defraudadores, jueces prevaricadores, políticos corruptos, golpistas del 23-F, entre otros); Zapatero concedió 3.226 en sus dos legislaturas; y Aznar 5.916. Y las comparaciones son odiosas: Bush tan sólo aprobó 200 en ocho años, en un país muchísimo más grande y poblado que Epaña.  Por mucho que insistan, no nos engañan. Para los Ejecutivos españoles la Justica no es igual para todos. Estas decisiones afianzan el descrédito hacia los gobernantes. Con razón.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Cobardes, conclusión de una huelga general

Escondidos tras escudos antidisturbios. Ocultos tras tapas de papeleras. Resguardados por siglas y banderas sindicalistas. La huelga general del pasado 14-N dejó muchas discusiones, conclusiones y divergencias en esta España de los años 10; en este país de la crisis y de la coyuntura económica. Pero, más allá del éxito o no de la convocatoria, los medios de comunicación mostraron el rostro de los auténticos cobardes. De ese Mosso d'Esquadra que cargó indiscriminadamente y golpeó a un niño de 13 años; de esa piquetista que arroja un café a una señora y de esos otros que coaccionaron a ciudadanos que ejercen su derecho a trabajar; y, además, de aquellos radicales que vociferaron contra un sistema injusto para campar a sus anchas y poder ejercer la violencia.

Dentro de todo colectivo se ocultan cobardes y sinvergüenzas, abusadores del escaso poder que ostentan o creen ostentar. Y en todos los bandos hay culpables. Por ello, más allá de optar por la generalización injusta, el ciudadano debe optar por señalar con el dedo al individuo, por apuntar directamente con el dedo a quienes incumplieron leyes y violaron los derechos de sus congéneres. Y exigir responsabilidades. De poco sirve acusar a todos los policías de macarras con porra; de poco sirve tachar a los sindicalistas de abusadores liberados. Porque resulta poco útil trazar una línea de trincheras con el objetivo de situar al español en uno u otro lado. En este país debe afrontarse una huelga general con naturalidad, aceptar a quien quiera respaldarla y quien quiera trabajar; sin criminalizar al contrario, sin englobarlo en una amalgama de críticas injustas por pensar distinto.

Y, todo ello, no significa que no se persiga a los cobardes. Esta sociedad, para avanzar en su camino hacia una mayor justicia, debe exigir a la Generalitat de Cataluña que identifique al Mosso d'Esquadra y cargue contra él todo el peso de la Ley. Esta sociedad debe exigir a CCOO y UGT que identifiquen a aquellos sindicalistas que conformaron piquetes informativos y coaccionaron (incluso con violencia física) a otros ciudadanos. Esos cobardes, todos ellos, deben ser cesados y señalados con el dedo para su escarnio público. Todos ellos sobran en sus organizaciones y en este país.

Agresión brutal de un Mosso a un niño de 13 años:



Siete minutos de insultos y ataques a una trabajadora: