Por mucho que ahora diga, la devoción de Joaquín Sabina por Madrid no siempre existió. Su amor por la capital española -por sus calles, estaciones de metro y bares- no lo acompañó desde el primer instante en el que pisó la Gran Vía. De hecho, así lo reflejaba en sus canciones. Por ejemplo, esta es la versión inicial de Pongamos que hablo de Madrid:
"Cuando la muerte venga a visitarme,
que me lleven al sur donde nací,
aquí no queda sitio para nadie,
pongamos que hablo de Madrid"
que me lleven al sur donde nací,
aquí no queda sitio para nadie,
pongamos que hablo de Madrid"
En 1986 la letra cambió. Sabina modificó un par de versos de esta estrofa y le dio la vuelta a los que, hasta hora, eran sus sentimientos oficiales por la capital:
"Cuando la muerte venga a visitarme,
no me despiertes, déjame dormir,
aquí he vivido, aquí quiero quedarme,
pongamos que hablo de Madrid”
no me despiertes, déjame dormir,
aquí he vivido, aquí quiero quedarme,
pongamos que hablo de Madrid”