
Es lo que tiene la mano invisible del mercado, es lo que tiene esa garra de Esperanza (que se convierte en zarpa en ciertas ocasiones). Aquella que defendió el institucionalizar la figura del docente, infravalora ahora a éste cuando dice que “sólo” trabaja veinte horas a la semana. Y lo que podría parecer en un primer momento un mero impulso a la educación privada, esconde detrás un modelo aún más injusto: la privatización del sector. De hecho, Aguirre ya sugirió que la educación no tiene que ser gratuita en todas las fases. “Si la educación es obligatoria y gratuita en una fase, a lo mejor no tiene que ser obligatoria y gratuita en todas”, dijo en una recepción con el Rey.
Figar, consejera de Educación, explica el plan de privatización
Después, tuvo que matizar sus declaraciones. En su cuenta de Twitter apuntó que se refería a que los Masters debían de dejar de ser gratuitos. Curiosamente, estos siempre fueron de pago. Pudo tratarse de un desliz; o, mejor dicho, de otro. Porque ya culpó a los “duendes de la imprenta” de ser los responsables de los errores gramaticales incluidos en una carta que envío a los profesores. Eso sí, antes de llegar a dicha conclusión, ya acusó a los propios docentes y a los sindicatos de manipulación.
El dislate alcanza tal grado, que González Pons tomó la palabra. “Esperanza defiende la enseñanza universal y gratuita”, expuso el vicesecretario de Comunicación del PP. Una declaración que debiera zanjar el asunto; pero pocos se creen ya tal aseveración. Esta semana miles de profesores inundaron las calles de Madrid con el objeto de protestar contra el deterioro de la enseñanza pública en la Comunidad. Un paro masivo, que sirvió para conocer cifras muy significativas. Los principales sindicatos del sector revelaron que los recortes de Esperanza implican un decremento de la inversión de 115 millones de euros. Mientras tanto, Aguirre deja de recaudar 90 millones por las desgravaciones que concede a la escuela privada y destina 111 millones en 2011 a publicidad institucional. En total, desde el 2008 gastó 620 millones en campañas en los medios: el Metro y el Canal de Isabel II se lo agradecen (¡vaya a ser que algún madrileño no coja el subterráneo o no beba agua!).

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